Un Ministerio de «Infraestructura Nacional y Defensa Civil»


El planeta Tierra no es el mismo de hace medio siglo. Los octogenarios como yo, me darán la razón de lo que digo. Nuestra eterna primavera es hoy calor y lluvia. Cuando don Jacinto Benavente visitó nuestra patria, uno de sus comentarios fue «Guatemala deberí­a estar gobernada por su clima». Linda descripción de nuestra patria. Hoy es diferente y la calamidad que vivimos es en buena parte nuestra responsabilidad al no apoyar el movimiento ambientalista y sumarnos a su lucha contra la depredación desmedida de nuestro reino vegetal. Pobre Laguna del Tigre cuando veamos esos animalitos de su mundo, muriendo, bañados en petróleo. Volar sobre Petén, pulmón de Centro América, entristece y da grima al ver esos grandes lunares desérticos provocados por la incontrolable y desmedida tala de árboles. Y los gobiernos jamás han hecho algo para proteger esos bosques. Un campesino de los afectados por doña «Agatha» dijo en televisión: mi abuelo nos cuenta que esa montaña cuando estaba llena de árboles jamás se desplomó, pero hoy que es un cerro pelón se nos vino encima por la lluvia.

Abundio Maldonado

Y el caso que vivimos es de magnitud tal, que quienes gobiernan deben seriamente considerar que los inviernos serán siempre problema y que los paliativos de emergencia sólo aliviarán, no resolverán. Mi sugerencia a los presidenciables es la creación de un Ministerio de «Infraestructura Nacional y Defensa Civil» cuya función serí­a el estudio, realización y mantenimiento de tarea con resultados reales sobre nuestra infraestructura Nacional. Estudios a conciencia de suelos, montañas, volcanes, lagos, rí­os, riachuelos y de aéreas en peligro donde habita población rural y urbana. Conred ha jugado un papel eficiente, pero al igual que el Renap son instituciones con nombre, pero sin apellido. No tienen en el organigrama del Gobierno un escalón de mando real, sin suficientes recursos y sin lí­nea directa con el mando nacional: El Presidente de la República.

Urge la creación de este Ministerio que deberá trabajar constantemente en su tarea de encarar y resolver tragedias como la que vivimos. Defensa civil es proteger al ciudadano de emergencias y darle seguridad fí­sica perenne de su vida y de sus pertenencias. Como administrador público, que lo soy, simpatizo poco con la burocracia de un gobierno y una burocracia polí­tica es la viva tos para un sistema eficiente de administración, pero los problemas atmosféricos y sus consecuentes debacles obligan a que los gobiernos busquen y encuentren soluciones reales, permanentes. No más paliativos y súplicas de ayuda extranjera. Cuando tengamos, algún dí­a, gobiernos honrados y eficientes Guatemala como dueña de su propio destino y los guatemaltecos como ciudadanos entregados al deber, la fe y trabajo arduo valemos tanto para poder solucionar sólo nuestros propios problemas. Guatemala es dueña de grandes recursos humanos y naturales. Dios puso aquí­ de todo, pero no hemos sabido responder a esa bendición de abundancia.

Presidenciables, les paso esta sugerencia, medida que en mi plan de gobierno en 1962 cuando fui un candidato se incluyó y fue por inspiración que tuve a la similar debacle que vivimos en la última semana de agosto y primera de septiembre de 1949. De ello hace 61 años y el problema aún subsiste. Fueron dos semanas de una lluvia tormentosa que los guatemaltecos pensábamos que era el principio del diluvio. Evalúen señores candidatos mi sugerencia y si ya tienen algo mejor, sencillamente tiren esta inquietud de un ciudadano: al cesto del olvido.

Posdata: mis más profundos sentimientos de solidaridad con las familias que han perdido a sus seres queridos en esta debacle y mi muy sentido pésame a la esposa e hijos del superhéroe del periodismo, el intrépido y valiente reportero Archila, que no midió el peligro para realizar su noble misión de informar.