Un mercado polí­tico


A pesar de los esfuerzos que se han realizado desde hace más de 20 años para la consolidación de la llamada democracia en Guatemala, el nuevo escenario polí­tico, inaugurado el pasado 14 de enero con el ascenso al poder del ingeniero ílvaro Colom Caballeros junto a su partido Unidad Nacional de la Esperanza, UNE, se ha resentido por la presencia de muchos actores ilegí­timos y por la perversión del sistema.

Félix Loarca Guzmán

En su edición de ayer martes 12 de febrero de 2008, el diario elPeriódico publicó una nota con el tí­tulo de «Diputados de la UNE exigen plazas» (de maestros). El texto informativo hace referencia a las exigencias de los legisladores distritales del partido oficial a la Ministra de Educación para que se les otorguen plazas de maestros a efecto de distribuirlas entre sus seguidores que colaboraron en la pasada campaña polí­tica. También han demandado el traslado de maestros por contrato al renglón de presupuestados. La respuesta de la Ministra de Educación fue que no se obviarán los procesos que se establecen en la ley para las contrataciones.

En los dí­as anteriores, los diputados del partido oficial hicieron «berrinche» en contra de su lí­der que ahora es el Presidente de la República, por la resistencia del gobernante de convertir las oficinas del Ejecutivo en una agencia de empleos.

Sin duda, este es uno de los temas álgidos para el nuevo gobierno actualizando el debate sobre la distorsión ideológica de los partidos polí­ticos en Guatemala. Cada cuatro años se produce el mismo esquema y el triunfo electoral del partido del actual Presidente no ha sido la excepción. Hace algunos años, el ex Procurador de los Derechos Humanos, Jorge Mario Garcí­a Laguardia, se refirió a este fenómeno calificándolo como el patrimonialismo de la actividad polí­tica orientado a ocupar el poder como botí­n a repartir, un mercado de prebendas, un auténtico «mercado polí­tico».

La actitud de los ahora diputados oficialistas refuerza la percepción de los ciudadanos sobre que en vez de fortalecer la tendencia permanente en busca de la democracia, lo que hace es volver a los añejos vicios del pasado. De esta manera, los diputados del gobierno están evidenciando que carecen de una verdadera orientación ideológica. Lo que están haciendo es introducir elementos de confusión y de desencanto hacia el régimen polí­tico.

Las exigencias de plazas de maestros para ser distribuidas por los diputados entre sus partidarios, no son bien recibidas por la población. En cambio, es legí­timo el planteamiento para hacer realidad el traslado de los maestros por contrato al rubro de puestos presupuestados. El sistema de contratos es un verdadero atropello para los derechos humanos de los maestros.