El pasado lunes el Ministerio de Economía, a través del Viceministerio de Inversión y Competencia, lamenta en una esquela de buen tamaño, el sensible fallecimiento del economista Edgar Reyes Escalante, Director de Promoción de la Competencia del ministerio indicado.
Quienes conocimos a Edgar desde los tiempos juveniles sabemos que Guatemala ha perdido a uno de sus más preclaros académicos: conocedor de la Economía Política como pocos en el medio, buen investigador y escribiente. Y aparte de ello, sin lugar a dudas el más alto conocedor chapín de temas ligados con la regulación económica de los mercados.
En los últimos tiempos no había foro sobre la protección al consumidor y sobre el reforzamiento de la competencia de mercados, en el que no se invitara a Edgar Reyes, al punto que hace muy poco, en la Universidad Rafael Landívar, lo escuchamos por última vez, dirigiendo un Diplomado sobre Competencia de Mercados, y hablando de temas tan complejos para el medio como: la competencia estática y dinámica, la concentración de los mercados y las versiones modernas de regulación económica en los grandes centros internacionales.
Pero aparte de ello, Edgar era un hombre profundamente humano y con gran conciencia social, característica ésta que cuesta ser observada en quienes suelen desempeñarse en medios fríos y burocráticos, que intentan lidiar con la Microeconomía, el estudio de los mercados y monopolios, y principalmente con la normativa jurídica que va ligada con estos entuertos.
Los ministerios de Economía en América Latina, así como los entes de planificación, y no digamos los ministerios de finanzas públicas y de manejo de la cuestión económica, están de nuevo llamados a tener en su seno mentes y conciencias como las de Edgar: y es que la “modernización” de antaño llenó a estas instituciones de designados y representantes comerciales de “cuartos de al lado”; es decir gente que simplemente vela por intereses gremiales empujando por doquier tratados comerciales, pero dejando bien protegidos sus “privilegios históricos”.
Las cosas han cambiado diametralmente: ahora en el mundo moderno se habla de nuevo de industrialización activa, de territorios y ya no de firmas, y de políticas de la protección al consumidor, ante abusos como la “publicidad engañosa”, o el “dumping” que practican los gremios, con precios más caros en el interior de lo que venden en el exterior.
La Dirección de Competencia que muy bien dirigía y estudiaba Edgar es uno de los órganos líderes en los nuevos tiempos, en donde se están exigiendo nuevas regulaciones para fomentar el mercado, para abaratar los productos y para mejorar la productividad del trabajo y del capital.
En verdad que el mejor legado del ministro De la Torre, incluso antes de instituir el tema de la “competitividad” y las inversiones, debiera ser el de dejar para la posteridad una Ley de Competencia de Mercados, pues dicho sea de paso somos el único país de América Latina sin tal ordenamiento, y ello hace cuesta arriba transitar hacia la competitividad, que es un tema de índole internacional.
Transitar a la competitividad internacional, sin haber pasado por la competencia interna, es algo así como mandar al alicaído Municipal del Estadio del Trébol a jugar en la UEFA europea el campeonato 2013-14.