Un juicio contra la historia


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Nunca en la historia moderna del país, un juicio como el que ahora se desarrolla contra el General Efraín Ríos Montt había concitado tanta opinión, tanta controversia, tanta polarización, tanta molestia. Es uno de los juicios más debatidos de la democracia, tal vez únicamente el de Monseñor Gerardi, puede equipararse en cuanto su trascendencia, importancia y confrontación.

Juan José Narciso Chúa


El Ejército se encuentra en el centro de la polémica, la figura es el General Ríos Montt, pero detrás está toda la institución armada, representada por sus diferentes generales, hoy con mayor edad, con diferente traje, pero con el mismo discurso y hoy más que defender al general, están en la defensa de ellos mismos y la institución que manejaron en representación del Estado, hace ya varias décadas atrás.

Hemos visto hasta ahora, una cantidad de comunicados y columnas de opinión, en contra del genocidio, consigna que se tomó para desvirtuar el juicio.  El comunicado del CACIF llama la atención, pues es la primera vez, que se pronuncian públicamente en contra del genocidio y defendiendo a la institución que en los años de la guerra fue su estandarte, pero evidentemente este comunicado lo hicieron a regañadientes, con un contenido limitado, un tamaño reducido y en un diario que no es el de ellos.

Los columnistas de opinión conservadores, han sido consistentes y se mantienen en su rígida y antigua posición.  La fundación que ha sido el eje central de esta campaña en contra del genocidio, tampoco ha desperdiciado espacio, tiempo y recursos para pronunciarse, para descalificar a la izquierda, para atacar el prestigio de personas, sin darse cuenta que la guerra fría terminó, en un noviembre del año 1989.

Las organizaciones de Derechos Humanos han puesto su esfuerzo, al igual que sus columnistas, buscando fundamentar las acusaciones que pesan sobre el general y sobre lo que aconteció en aquellos años.

Lo contradictorio en algunos pronunciamientos es aquellos que se han desgañitado por la profundización del Estado de Derecho y hoy se desdicen fácilmente, para exigir que se acabe con el montaje de un juicio político, cuando llegar a un juicio tomó tantas décadas.  Nada dicen al respecto del respetuoso y buen trabajo de la jueza que preside y de su tribunal.  Nada refieren del buen trabajo de los jóvenes fiscales.  Nada.  El Estado de Derecho lo dejaron olvidado, hoy nada de eso.

El último comunicado de diferentes personas que formaron parte del Gobierno de Arzú, llama la atención.  Primero, porque plantea el peligro que a partir de este momento la situación pueda deteriorarse aún más, un llamado a la moderación, que resulta positivo.  Pero, la forma en que lo plantean, desdice todo su planteamiento original, pues lo hace descalificando el juicio, argumentando que es una fabricación y tercero, buscar la tolerancia y la conciliación acusando de traición a la democracia y a los Acuerdos de Paz, por el desarrollo de dicho juicio, no contribuye en nada a buscar un clima de moderación y tolerancia. Creo que detrás de este juicio hay mucho miedo.  Miedo de lo que pueda ocurrir después de esta etapa, preocupación que es  razonable, y miedo a que efectivamente el juicio lo pierda el general y todo un sistema que lo sustentó, apoyó y justificó.

¿Por qué no dejar que el juicio siga su marcha?, aceptando que esto es crucial para abonar al Estado de Derecho, dejemos que el juicio sea justo como hasta ahora, dejemos que haya una sentencia y respetemos su resultado final. Si fue genocidio o no, es competencia del tribunal y de las otras instancias jurisdiccionales a cargo del juicio dirimir dicha situación y calificar al final el delito.  Pero no sigamos en la descalificación, acá no hay traición, ni a la democracia, ni a los Acuerdos de Paz, lo que hay es un juicio contra un pasado que no se puede ocultar, como ocurrió en Chile y Argentina, nada más.

Hoy no se juzga al General Ríos Montt, hoy  se juzga nuestra historia dolorosa.