Somos, simplemente los jóvenes de hoy y los adultos de mañana para algunos, la perdición del mundo pero, afortunadamente, para muchos el futuro de la humanidad
Erika Guse
Si la noticia de su muerte hubiera salido en la portada de Nuestro Diario, el titular pudo haber sido: «Era Admirable». Nexo Pineda, un joven que promovía colectivos de arte en zonas marginales del país, estando en silla de ruedas, fue asesinado el pasado 23 de mayo cerca de su vecindario en San Pedro Ayampuc.
Disculpas si creyeron que esta columna se iba referir al grupo de jóvenes llamado igual al título. En realidad, fue a propósito para producir un contraste de dos realidades, en las que igualmente hay jóvenes intentando cambiar nuestra sociedad, pero no corren con la misma suerte. Nexo es «un joven más» que muere, víctima del ambiente de violencia que rodea las barriadas de nuestro país.
Al Gordo, como cariñosamente le llamaban sus amigos más cercanos, nunca le cubrieron los medios de comunicación -como al nuevo grupo juvenil-, a pesar de que era admirable su amor por la vida y su tenacidad. Tuvo la oportunidad de estudiar en un colegio cerca de su casa, el cual era un proyecto educativo de jóvenes con una visión diferente de la educación, donde las alumnas y los alumnos aprendían a analizar su realidad, y a desarrollar sus habilidades. Allí aprendió la técnica de los zancos y el teatro; arte circense que en las zonas urbanas pobres ha tenido muy buen impacto, puesto que con ello se aleja de las pandillas a los jóvenes.
Aprender la técnica le sirvió únicamente para enseñarla a otros jóvenes, pues su discapacidad en las piernas le impedía caminar. Pero además, con eso también dio muestra del carisma que le caracterizaba, y de la vocación para ser líder entre la juventud.
Su discapacidad no lo detuvo para participar en diferentes espacios juveniles, políticos y sociales. Con su silla de ruedas llegó a todas las zonas de la capital, y también lo vimos en Chimaltenango actuando y cantando hip hop. La buena vibra que tenía le hacía fácil encontrar quien le echara la mano para llegar a cualquier sitio, aunque no le daba miedo moverse solo. Fue así que tuve la oportunidad de conocerlo.
Montamos una obra teatral en denuncia de los hechos de represión que ha sufrido la población campesina en tiempos de posguerra. Fue una construcción colectiva con los jóvenes del grupo que él lideraba.
Para tal fin, convertimos su silla de ruedas en un tanque militar, y ese fue uno de sus personajes en la obra. La discapacidad no fue ninguna limitante, más bien la convertimos en una herramienta del teatro.
Desconocemos la razón por la cual lo asesinaron. Discúlpenme la grosería -es de rabia-, pero como no dejó ningún video pienso que muy poco se hará para encontrar los motivos del crimen. Sólo puedo imaginarme que lo mataron porque su alegría riñe con intereses perversos que se mueven en esas zonas.
Muere un joven más, pero vive su ejemplo de lucha por la vida. Hasta la victoria compañero.