Es indudable que el destino de las instituciones democráticas del continente americano afronta un grave desafío luego del golpe de estado militar que se produjo en Honduras el pasado 28 de junio, mediante el cual fue derrocado el gobierno constitucional encabezado por el doctor José Manuel Zelaya Rosales
En la víspera del inicio de la mediación que tendrá a su cargo el Presidente de Costa Rica y Premio Nobel de la Paz, í“scar Arias, entre el Presidente legítimo hondureño, y el gobernante de facto Roberto Micheletti, para buscar una solución adecuada a la delicada situación política del vecino país, prevalece una mezcla de esperanza y desconfianza.
A estas alturas de la crisis, lo que se debe buscar es la legitimación democrática de Honduras y el inmediato retorno al poder del presidente Zelaya, pues él fue elegido por la voluntad soberana del pueblo. Además, se tendrá que considerar que el golpe de estado violentó el estado de Derecho y que con ello se volvió al pasado de las botas y los fusiles, llevando a cabo una implacable represión contra los hondureños bajo estado de sitio y con toque de queda.
Durante más de diez días, el pueblo ha salido a las calles de manera heroica protestando por la instalación de un gobierno ilegal que hasta ahora no ha sido reconocido por ninguno de los 192 países que integran las Naciones Unidas. Las marchas de ayer fueron encabezadas en forma valiente por la primera Dama, Xiomara Castro de Zelaya.
El Presidente de Costa Rica es un mediador idóneo y de confianza para el gobierno de Washington, como lo demuestra el hecho que fue la secretaria del Departamento de Estado, Hillary Clinton, quien hizo el anuncio sobre la participación del gobernante centroamericano en las conversaciones para restablecer la institucionalidad y la democracia en Honduras.
Dentro del contexto de los sucesos del golpe, ha llamado la atención la posición ambivalente del gobierno norteamericano del Presidente Barack Obama, pues hasta el momento no ha retirado a su Embajador en Tegucigalpa, como ya lo hicieron muchos países del mundo. El presidente Hugo Chávez de Venezuela, dijo que está convencido que los golpistas tienen el apoyo de algún sector de la administración yankee «aunque tal vez no del presidente Obama, pues él es un prisionero del imperio». Ojalá que la propuesta de la mediación impulsada por Estados Unidos no sea una trampa para los intereses del pueblo catracho.
Los golpistas de la extrema derecha, civiles y militares, apoyados por un sector de la clase empresarial, olvidaron que la democracia no se puede perfeccionar a punta de fusil, sino con el respeto al Estado de Derecho y a los derechos humanos.