Un dulce negocio


Rafael Espada, vicepresidente de Guatemala, inauguró ayer el seminario de azucareros, en donde se estudian las posibilidades del etanol generado por la caña de azúcar.

Pese a la baja en el precio internacional del petróleo, la producción de etanol y biodiésel -como una alternativa energética- continúa siendo un objetivo de la agroindustria azucarera guatemalteca.

Javier Estrada Tobar
lahora@lahora.com.gt

Con más de 250 mil hectáreas de cultivo de caña de azúcar, la agroindustria azucarera es una de las más grandes e importantes actividades productivas en la economí­a nacional.

Se estima que los trece ingenios procesadores del endulzante natural aseguran 20 mil empleos formales y 200 mil indirectos en el paí­s.

Sin embargo, el «sector dulce» de la economí­a también apunta a ser uno de los nuevos productores de energéticos verdes, como etanol y biodiésel, debido a la capacidad que se tiene en el paí­s para ampliar la cobertura de los cultivos de caña de azúcar.

El incremento en los últimos cinco años en el precio del petróleo, y por consecuencia de los combustibles, fue uno de los factores que dieron ánimo a los azucareros para producir los energéticos.

Al estilo brasileño, la mitad de los ingenios iniciaron con la producción de alcohol para fines médicos -exportando una importante cantidad hacia Europa- pero continúa la proyección de generar energéticos.

No obstante a la baja del crudo en las últimas semanas, los agroindustriales afirman que los biocombustibles continúan como una atractiva inversión, con múltiples beneficios en diversos sectores de la sociedad.

Iniciativa

Gustavo Sagastume, representante de Tecnologí­a Agrí­cola, sostiene que existen varias iniciativas por parte de los ingenios para producir etanol, sin embargo aún existen impedimentos para concretar ese objetivo.

Entre ellos, menciona la falta de un marco jurí­dico que regule la producción, almacenamiento, transporte y expendio de los biocombustibles, sin embargo asegura que ya se está trabajando en ese aspecto.

«Tenemos toda la gana de hacerlo, pero se necesita un marco jurí­dico», indica.

«Serí­a una gran oportunidad para la generación de empleo, ya que serí­a necesario cultivar el doble del terreno de caña de azúcar, y así­ también contratar el doble de personal», agrega.

Cuestionable

La producción de biocombustibles generó polémica en varios paí­ses latinoamericanos, por los posibles impactos en las economí­as internas y en la capacidad de producción de alimentos.

En Guatemala, Rafael González, de la Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas, estima que la producción de etanol y biodiésel puede causar problemas en materia de seguridad alimentaria.

A criterio del lí­der campesino, redoblar la siembra de caña de azúcar desplazarí­a los cultivos alimenticios, como arroz, maí­z y frijol, que forman parte de la dieta básica de la mayorí­a de guatemaltecos.

González teme que además de desplazar cultivos, la producción de biocombustibles también atraiga las inversiones extranjeras que «probablemente serí­an destinadas a los alimentos.»

«Tenemos que discutir todos los impactos y las consecuencias», puntualiza González.

CIFRAS


13

ingenios azucareros

250

mil hectáreas cultivadas con caña de azúcar

60 mil empleos directos

200 mil

indirectos

4º

exportador mundial de azúcar