Sólo quienes sufren de insuficiencia renal crónica o tienen un familiar o amigo en esa situación conocen el drama que atraviesan a diario los pacientes y su entorno cercano. Cada año más guatemaltecos padecen enfermedades relacionadas con los riñones, pero los servicios públicos de Salud y del Seguro Social no se encuentran en las condiciones adecuadas para satisfacer la demanda de los afectados.
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Todas las enfermedades crónicas acarrean una serie de problemas a los pacientes, para quienes la vida depende de medicamentos y atenciones recurrentes, y sobre todo, de la disponibilidad de los recursos económicos que les permitan sufragar los costos de sus tratamientos permanentes.
En el caso de la insuficiencia renal crónica, después del diagnóstico médico de un especialista, inicia una etapa de tratamiento con medicamentos para controlar la enfermedad que además implica dializar al paciente, el cual es un proceso complicado y en algunos casos doloroso, que afecta sensiblemente la rutina de vida de las personas.
Existen dos tipos de diálisis: la peritoneal y la hemodiálisis. Ambas son procesos complicados y riesgosos para el paciente por las implicaciones derivadas. Es por este motivo, que se hace necesario un implante –trasplante– de un riñón compatible, si el paciente puede obtenerlo y soportarlo.
Este órgano puede ser obtenido de un donante vivo o del cadáver de una persona recién fallecida. Si logra obtener una donación, esto le permitirá mejorar su calidad de vida. No obstante, el paciente requerirá para el resto de su existencia de medicamentos y atención médica especializada, para preservar el órgano implantado.
Para llegar a la etapa del trasplante, *Josué, un hombre de mediana edad que contactó a La Hora para compartir su historia, explica que atravesó varios obstáculos y cuenta que aún continúa en la lucha por un trasplante, pero la falta de un medicamento impide que se le intervenga quirúrgicamente.
“Desde el 2011, cuando fui diagnosticado, he esperado a que me digan cuál fue la causa que originó esta enfermedad, me han dicho que pudo ser genético, pero sin ninguna información certera”, señala.
La insuficiencia renal le fue diagnosticada a mediados del año 2011 en el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), pero unos meses después fue despedido de la empresa en la que laboraba, por un recorte de personal. Por su condición, tardó siete meses en encontrar un trabajo en donde se le permitiera acudir a las citas para que se le realizara la hemodiálisis.
Josué dice que cada dos días le practican la hemodiálisis, pero ya se han agotado todas las vías de su cuerpo para tener un catéter. “El último catéter que tengo podría infectarse en un mes, por lo que tendría que realizarme en casa la hemodiálisis cada cuatro horas, todos los días, complicando más mi enfermedad”, dice.
Un año después de haber sido diagnosticado, cumplió con todos los requisitos para ser admitido en el hospital y practicarle un trasplante de riñón, siendo su hermana la donadora. Su operación se programó para octubre de 2012, pero la intervención quirúrgica fue aplazada por la falta de un medicamento en el IGSS llamado Simulect, que según la Agencia Europea del Medicamento, se suministra para evitar que el organismo rechace un riñón recién trasplantado.
Según los familiares de Josué, este medicamento tiene un costo de Q35 mil, por lo que están haciendo su mayor esfuerzo para reunir el dinero y lograr que se realice la operación; esto a pesar que el paciente ha cumplido con sus contribuciones al Seguro Social y no debería sufragar los costos de la atención social.
Se consultó al IGSS sobre este caso concreto, para que se informara sobre los cuestionables contratos de medicamentos y la existencia de Simulect, que necesita Josué para ser operado, sin embargo, esta información no fue proporcionada por la Unidad de Comunicación de la institución.
En la actualidad, en el Seguro Social, se atienden a 5 mil 041 pacientes renales, los cuales se encuentran en las tres etapas de este padecimiento: diálisis peritoneal, hemodiálisis y trasplante de riñón.
La atención del IGSS a cada paciente que requiere el procedimiento de diálisis peritoneal tiene un costo promedio anual de Q80 mil 400. En el caso de los pacientes atendidos con hemodiálisis, el costo promedio anual invertido por el Seguro Social por cada derechohabiente es de Q144 mil.
En tanto que cada trasplante de riñón realizado por el IGSS tiene un costo promedio de aproximadamente Q90 mil, contando con tres unidades médicas en el área metropolitana para la atención de estos pacientes.
En el caso de Josué, su lucha por vivir está en las manos del Seguro Social, que deberá responder por su situación en el corto plazo.
¿QUÉ ES?
La insuficiencia renal se produce cuando los riñones no logran cumplir sus funciones habituales, causando la pérdida gradual y progresiva de la capacidad para excretar desechos, concentrar la orina y conservar los electrolitos.
Los riñones son órganos pares y simétricos, con forma de poroto, ubicados en la parte baja de la espalda, a ambos lados de la columna vertebral. Siendo su función principal la eliminación de residuos del cuerpo, equilibrando el contenido de agua y minerales en la sangre a través de la eliminación de agua por medio de la orina.
Además, los riñones cumplen funciones de regulación sobre algunas hormonas –y a través de éstas sobre el metabolismo de los huesos– y producen una hormona –eritroyetina–, cuya función es imprescindible para la producción de los glóbulos rojos de la sangre.
La insuficiencia renal puede adoptar dos formas diferentes, según sea la velocidad de presentación y progresión de los signos y síntomas: Insuficiencia renal aguda, que es la pérdida rápida y brusca de la función renal y la insuficiencia renal crónica, pérdida lenta y gradual de la función renal.
Si la función renal se reduce hasta el 50 por ciento de lo normal, es posible que el enfermo no note ninguna alteración importante en su salud. Entre el 50 por ciento y el 20 por ciento de la función normal se desarrollan problemas de salud graves. Cuando la función renal llega entre el 10 y el 15 por ciento de lo normal, se necesita diálisis o un trasplante para conservar la vida.
A diferencia de la insuficiencia renal aguda, que se caracteriza por una súbita insuficiencia –habitualmente reversible– de la función de los riñones, la insuficiencia renal crónica avanza lenta y progresivamente, en general hasta llegar a un estado terminal de enfermedad renal.
La insuficiencia renal crónica se desarrolla a lo largo de muchos años en los cuales las estructuras internas del riñón se van destruyendo poco a poco, aunque hay algunas enfermedades que afectan a los riñones que pueden producir una insuficiencia renal crónica y terminal en semanas o meses.
DIAGNÓSTICO
El problema renal tiene diversas causas, aunque la principal está directamente relacionada con el estilo de vida y las prácticas alimenticias, refiere el médico internista, Nery Flores.
En otras ocasiones, los daños renales son la consecuencia de un desbalance físico en otra área del cuerpo, como la hipertensión arterial, que puede ocasionar problemas en distintos órganos vitales.
«Los riñones son órganos fundamentales para el buen vivir y su bienestar depende de un estilo de vida sano y de la prevención adecuada», refiere el médico.
De esa cuenta, Flores recomienda a sus pacientes que se sometan a evaluaciones periódicas para conocer su estado de salud y evitar complicaciones, como las que genera un padecimiento renal.
EN GUATEMALA
Según estimaciones del Instituto Nacional de Estadística (INE), en el 2012 habían 15 millones 073 mil 375 habitantes en Guatemala y para países como éste, se considera que 3 mil 500 personas de cada millón se encuentran padeciendo enfermedades renales.
En base a esta estimación se considera que existen 52 mil 757 guatemaltecos que están viviendo con algunos de los estadios de enfermedad renal.
Según el Ministerio de Salud, la insuficiencia renal está afectando principalmente a la población joven del país, ya que el 33 por ciento de los que padecen la enfermedad en el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social tienen menos de 28 años, el 30 por ciento está entre 38 y 48.
Se estima que de la cantidad de enfermos renales, el 15 por ciento necesita tratamiento que sustituya la función del riñón -diálisis o trasplante renal-.
La cantidad de pacientes estimados que necesitan este tipo de terapia es de 7 mil 914, contando a los que son tratados en el IGSS, el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social y los pocos pacientes que cubre el sector privado.
El tratamiento de los problemas renales tiene un costo anual de Q151 millones 167 mil 031 para el sistema de salud, que no incluyen los costos indirectos de la atención y las complicaciones que sufren los pacientes que son atendidos en la red hospitalaria.
LAS CAUSAS
Los riñones pueden fallar por causas muy diversas por otras enfermedades crónicas como la diabetes, presión arterial alta (hipertensión), glomerulonefritis, enfermedad renovascular, pielonefritis crónica, lupus etirematoso, cálculos renales, infecciones en las vías urinarias, nefropatía analgésica y medicamentos
La mayor parte de estas enfermedades se presentan durante un tiempo muy prolongado y provocan daño a ambos riñones. Incluso si se puede interrumpir mayor deterioro, el daño ya hecho normalmente es permanente.
El diagnóstico temprano y el manejo cuidadoso de estos estados pueden retardar e incluso prevenir el comienzo de insuficiencia renal.
*Nombre modificado.