Un destructor ruso en La Habana


Cubanos se acercan a conocer el barco ruso, el primero que se ancla en aguas cubanas desde 1991. FOTO LA HORA: AFP

En familia o entre amigos, bajo el sol y en un ambiente de buen humor, cientos de cubanos esperan hoy para subir al destructor ruso «Almirante Chabanenko», el primer barco de guerra ruso que ancló en La Habana desde el fin de la Unión Soviética en 1991.


«Es un acontecimiento importante, simbólico. Es el primer barco ruso que nos visita después de la desintegración de la URSS. Nos recuerda los viejos tiempos», dijo Orlando Suárez, un jubilado de 63 años, que llegó al lugar con sus nietos y los amiguitos de éstos, en «señal de amistad con el pueblo ruso».

«Pasamos momentos muy difí­ciles tras la desaparición de la URSS. Pero también fue duro para ellos y no debemos guardarles rencor», añadió Suárez.

Una fila, compuesta fundamentalmente por cubanos, pero también por turistas, sobre todo rusos, se extiende un centenar de metros sobre la acera que bordea el canal que conduce al puerto.

Uno de los pilares de la Flota Rusa del Norte, el cazasubmarinos «Almirante Chabanenko» llegó el viernes a la rada habanera, acompañado por los buques de aprovisionamiento «Iván Bubnov» y «SB-406», después de realizar una serie de escalas en paí­ses de la región. Levarán anclas el martes rumbo a Rusia.

Añadiendo simbolismo a la visita, la población puede desde ayer subirse a bordo del naví­o -de 169 metros de eslora y 19 metros de manga- y realizar un breve recorrido por su puente trasero, donde lo único que puede verse es un helicóptero KA-27 (Helix).

Ese aparato, especializado en lucha antisubmarina, es el «coto vedado» del capitán Vladislav Tondine, con gafas de sol y vestido de uniforme color beige, quien ayuda a subir a los visitantes, hasta la cabina del piloto.

«Señorita, apóyese aquí­ por favor», le dice el capitán a una joven cubana que hablaba ruso y ocupaba el puesto del copiloto. «Â¡Bravo!, usted acaba de destruir un submarino enemigo». «Â¿Americano?», pregunta la mujer. «Seguramente», responde el marino ruso riendo con picardí­a.

Saúl, un cubano que seguí­a la charla, dice estar «contento de ver reverdecer la amistad con los rusos». «Estudié en una academia militar en Moscú a finales de los 80 y me emociona verlos de vuelta, ver que no cambiaron», dijo sonriente, a pesar de que su pequeña hija, colgada de su cuello, se niega a subir al helicóptero.

La Unión Soviética fue el principal aliado militar, polí­tico y económico de Cuba hasta su desaparición en 1991, lo cual implicó un perí­odo de enormes penurias económicas para la isla, sometida desde 1962 al embargo de Estados Unidos.

Pero las relaciones entre los dos antiguos aliados de la Guerra Frí­a, así­ como entre Moscú y paí­ses latinoamericanos con gobiernos de izquierda como Venezuela y Nicaragua, se intensificaron en los últimos meses.

La escala en Cuba de los barcos de guerra rusos, se produce tres semanas después de la visita del Presidente ruso Dmitri Medvedev, y representa un nuevo paso en la cooperación militar bilateral.

El «Almirante Chabanenko» -451 tripulantes- comenzó su viaje a finales de noviembre por Venezuela, principal aliado de Cuba en la región, donde participó en maniobras inéditas desde el final de la Guerra Frí­a en mar del Caribe, una zona de tradicional influencia de Washington.

Luego se dirigió a Panamá y se convirtió en el primer barco de guerra ruso en cruzar el canal desde la Segunda Guerra Mundial, antes de realizar una polémica visita a Nicaragua -a la que el Congreso se oponí­a-, y luego a Cuba.

«Ahora, vendrá el regreso a casa. Es bueno estar bajo el sol, cuando allá tenemos invierno. Fue un viaje formidable, pero la familia nos espera», explica Serguei, un marinero que, entre risas, se hací­a tomar fotos del brazo de turistas japoneses.