Cada vez más me pregunto ¿en dónde quedó la sensibilidad social en Guatemala?, ¿cuándo se pondrá orden en nuestro país para detener a tanto oportunista que con desbocado apetito hace dinero pronto y fácil con los fondos públicos, viendo sólo el derecho de su nariz, en vez de percatarse que a su alrededor predomina tal grado de hambruna y miseria que el punto de ebullición social ha llegado a una situación de tan alta peligrosidad, que la más pequeña chispa puede provocar una explosión con resultados sin precedentes? No hay mucho que decir, pues los chapines sabemos bien de la labor social y desinteresada de la Sociedad Protectora del Niño, la Asociación de Señoras de la Caridad de San Vicente de Paúl y del Centro de Integración Familiar, entidades autorizadas por decreto legislativo, que han salido perjudicadas con el pretendido desalojo de nuestras autoridades para operar sus tiendas de puerto libre en el caluroso Aeropuerto La Aurora.
No hay derecho para seguir permitiendo la validez del apestoso contrato suscrito entre los que, vistiendo trajes de primera comunión, realizaron maromas increíbles para firmarlo con una entidad extranjera, nada respetable por cierto ante los escándalos que ha protagonizado en otros países, aunque muchos millones de dólares pueda pagar para hacerse de diez locales, desplazando a estas entidades que han demostrado a través de tantos años que el dinero recaudado de sus ventas ha servido para dar una amplia cobertura de servicios indispensables a nuestros niños, jóvenes y ancianos, que ojalá el Estado estuviera protegiendo. Lo peor de todo, es comprobar la verdad del famoso refrán que dice «el que entre la miel anda algo se le pega», cuando ya vemos que algunos diputados, que se caracterizan por su desmedido afán de hacer dinero pronto y fácil, andan buscando la forma para embadurnarse del método empleado para favorecer a pseudoempresas que, bajo la máscara de la beneficencia desean satisfacer sus aviesos intereses.
¿Es que se acabaron en Guatemala los ministerios públicos, cortes, procuradurías, contralorías o alguna otra entidad más que pueda velar porque se dejen de firmar apestosos contratos de arrendamiento, compra, venta o transacciones que siguen haciendo ricos a tantos pelados corruptos de la noche a la mañana? Guatemaltecos, no nos perdamos, estamos viviendo bajo la tiranía d ella corrupción. Nuestras autoridades olvidan la historia. Las grandes revoluciones han germinado de la tiranía de los gobernantes, de la ausencia de libertades, por malestares económicos, la anarquía y corrupción imperante y la necesidad urgente de hacer una profunda revisión de sus instituciones, de ahí que estemos preguntando ¿eso mismo es lo que se está propiciando?, ¿será que la miopía de nuestros políticos ha llevado la población a tomarle la palabra a los grandes pensadores, quienes dicen que los avances y profundos cambios solo se logran con medidas de hecho?