Un consejo aplicable a muchos


Esta semana leí­a en Newsweek una columna muy interesante aconsejando a Barack Obama que rompa la burbuja de Washington que aí­sla a los Presidentes porque les impide el contacto con el común de los mortales y asegura a la rosca que les rodea el acceso permanente e ilimitado que se construye con base en acciones de lambisconerí­a. El artí­culo empezaba alabando la decisión del Presidente Electo, anunciada en un programa de televisión, de mantener su Blackberry para disponer de otra fuente de información.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Los presidentes, en Estados Unidos y en cualquier lugar del mundo, se terminan convirtiendo en una especie de prisioneros de su rosca, del grupo de allegados que todos los dí­as repiten lo bien que actúa el lí­der, lo sabio que son sus decisiones, la ignorancia de los crí­ticos y del común de los mortales que no entienden lo que es ejercer el poder para gobernar un paí­s. Esos allegados son los que no se interesan nunca en que un subalterno pueda expresarle su honesta visión al gobernante y menos que alguien que no tiene interés en un puesto ni en favor alguno pueda hacer comentarios que desnuden la realidad.

Si un gobernante sólo habla con su ministro de la Defensa y nunca lo hace con la oficialidad en el Ejército, tendrá una visión parcial de lo que ocurre en las fuerzas armadas, con el sesgo de lo que le interesa al que se encarga de definir y ejecutar las polí­ticas de la administración en esa materia. Pero cuando un gobernante puede hablar ya no digamos con un capitán sino con un sargento o un soldado, puede saber si es cierto lo que le dicen los miembros de la cúpula militar.

Y lo mismo pasa en cualquier ramo de la administración, puesto que los ministros que tienen acceso permanente al gobernante siempre le dirán que su ramo funciona a las mil maravillas, que si alguna crí­tica se publica en los medios seguramente es mal intencionada o producto de la enorme ignorancia de los periodistas que no entienden los vericuetos del poder. Muchos presidentes deciden que es bueno prescindir de la prensa y, si acaso, reciben los resúmenes que les pasan los encargados del monitoreo de medios en los que muchas veces lo más importante no es la opinión pública, sino la interpretación que de ella hacen los «analistas» oficiales.

Los gobernantes por lo general van cayendo en esa burbuja tan bien definida en la columna de marras porque es mucho más cómodo escuchar halagos que tener que oí­r a gente que cuestiona y hace planteamientos distintos a los que repiten una y mil veces los que conforman el coro de lambiscones conocidos como la rosca. A cualquiera de nosotros, puestos a escoger, nos resulta más grato hablar con amigos que elogian que con extraños que critican o cuestionan; eso es parte de la naturaleza humana y justamente los que se especializan en operar tras bastidores para ejercer influencia en quienes gobiernan, saben perfectamente la importancia del chaquetazo para asegurar los espacios que les otorgan poder y oportunidad para hacer negocios.

El consejo para Obama cae como anillo al dedo no sólo a quien asumirá el poder en menos de un mes, sino para todos los que lo ejercen aquí­ y en cualquier lugar del mundo. Romper la burbuja es lo que hace a un estadista que no se conforma con oí­r a los lambiscones.