El panameño Irving Saladino hizo historia dando el primer oro olímpico de la historia a su país y la primera medalla en 60 años, algo inimaginable cuando hace años recorría las calles de su humilde Colón con un mono de electricista.
Saladino nació el 23 de enero de 1983 en un barrio humilde de la ciudad portuaria de Colón, en una provincia donde se mezcla la pobreza con el fuerte desarrollo del comercio portuario, en una de las entradas al famoso canal que une el océano Atlántico con el Pacífico.
Allí se crió este joven que se inició como electricista para vivir, aunque su sueño siempre fue entrar en el salón de la fama del deporte panameño, junto al boxeador Roberto «Mano de Piedra» Durán, mientras miraba por televisión a las estrellas del atletismo.
A fuerza de saltos, el «canguro centroamericano» dejó la empresa de electricidad en la que trabajaba para dedicarse por entero a su pasión, el atletismo, con apenas 17 años. Aunque sus primeros recuerdos lo transportan a las carreras de 200 metros en la escuela, con apenas 7 años.
Gracias a una beca que recibió de parte de las autoridades del atletismo mundial y a la ayuda de su padre, emigró a Sao Paulo, Brasil, donde le esperaba uno de los mejores entrenadores en salto a nivel mundial, el brasileño Nelio Alfano Moura. Allí, en 2004, abrazó el amor por las tradiciones brasileñas.
A partir de ese momento, Saladino comenzó a mejorar sus registros y empezó a soñar con los ojos abiertos con una medalla dorada, la primera de oro para su país en los Juegos. Este lunes hizo realidad su cuento de hadas.
Su estilo es más parecido al de Iván Pedroso, basándose más en el impulso sobre la tabla que en la velocidad, como en el caso de Carl Lewis, que hacía valer su condición de «sprinter».
Después de que una lesión le impidiera clasificarse para la final de los Juegos Olímpicos de Atenas, su progresión comenzó en 2005, en el Mundial de Helsinki, cuando terminó en sexta posición.
Al año siguiente ofreció la primera medalla en atletismo a su país al ser segundo en el Mundial bajo techo de Moscú, quedando con 8,29 a un centímetro del vencedor.
El año pasado ya hizo historia al lograr la medalla de oro en el Mundial al aire libre de Osaka. Su leyenda se agrandó aún más ayer en Pekín.