Si repasamos los acontecimientos de este año en Guatemala, sin duda que el tema de la violencia será el que domine el escenario del país porque la cantidad de muertos es terrible y la incapacidad del Estado patética. En efecto, a pesar de que hemos llegado a la peor crisis económica mundial de los últimos años y los coletazos se empiezan a sentir en Guatemala, nada es comparable con el impacto que la violencia ha tenido en los guatemaltecos con una larga lista de hechos criminales que han cobrado miles de vidas.
Si a la violencia criminal sumamos la causada por la anarquía en el tránsito y los muertos por accidentes viales, la estadística se vuelve tenebrosa. Después de muchos años de conflicto armado que desangraron a la sociedad guatemalteca, la población ve la impotencia de sus autoridades para actuar con coherencia frente al avance del crimen. Justo es decir que este problema no puede achacarse a las autoridades de hoy, porque es un proceso de deterioro institucional el que nos ha llevado a lo que hoy sufrimos, pero no puede olvidarse que el mandato más claro que dieron los electores hace un año fue el de enfrentar el tema de la violencia.
Al final la elección se decidió entre quienes creyeron en la oferta de combatir la violencia con inteligencia (asumiendo todo lo que ese concepto implica) y quienes proponían la mano dura para atacar la criminalidad. Pero en todo caso el resultado electoral fue orientado a una instrucción precisa a los gobernantes electos para atacar el problema de la violencia que ya hace un año era el que más agobio nos provocaba.
El problema en la actualidad es que no se vislumbra aún el camino para iniciar la solución y este año ha sido de incremento en los índices de violencia. No se podía pretender que de la noche a la mañana se corrigiera la situación, pero sí que se viera ya el inicio de un cambio y eso es aún materia pendiente.
Creemos que el llamado que hizo la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala para buscar un pacto social de todas las fuerzas vivas del país contra la violencia y el crimen es urgente y debe atenderse con madurez y responsabilidad cívica como único camino para revertir la tendencia. El país está literalmente de rodillas frente al crimen y esa realidad no la podemos cambiar mágicamente, sino que requiere de un esfuerzo colectivo y del compromiso de todos para asumir responsabilidades que nos hagan ser parte de la solución al problema. El balance de este año es doloroso y más patético cuando vemos que al día de hoy no se ve la luz al final del túnel.