Poca repercusión tuvo la idea lanzada al aire por el presidente temporal del Congreso, Arístides Crespo, en el sentido de que se pueda crear la figura de una especie de gerente que se encargue del manejo administrativo del Organismo Legislativo, de manera que quien lo presida se pueda concretar en las tareas políticas inherentes al cargo. En otras palabras, que todo lo relacionado con el manejo del presupuesto y contratación de personal esté a cargo de un experto en administración que será el cuentadante ante la Contraloría de Cuentas y por lo tanto responsable legalmente del buen uso que se haga del dinero.
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Quitar las funciones administrativas al Presidente del Congreso y a la Junta Directiva es eliminar el poder discrecional que tienen para decidir el gasto de las partidas presupuestarias. Hay que recordar que tradicionalmente había sido el Primer Secretario del Congreso el que se encargaba de las cuestiones administrativas, pero cuando se eligió a la actual directiva el doctor Eduardo Meyer concentró en la presidencia esas facultades y dijo que él supervisaría y controlaría el manejo del dinero y las contrataciones de personal.
Y fue bajo las mismas barbas de Meyer, quien se comprometió públicamente a manejar de manera directa y personal el dinero del Congreso, que se produjo el desvío de 82 millones sin que, en el mejor de los casos, él se diera cuenta de la transacción. De suerte que gracias a Meyer es que se puede pensar ahora en una figura que venga a resolver el problema que ha ensuciado a casi todas las juntas directivas, porque no hay una que haya salido sin clavos de distinto calibre.
El problema práctico de la propuesta de Crespo está en que el Gerente estaría, obviamente, bajo la dirección de la Junta Directiva y que será un ejecutor de las políticas que disponga ese cuerpo colegiado. Y si no le cae bien al Presidente del Congreso, lo más probable es que le hagan la camita para mandarlo a la punta de un cuerno y colocar en su lugar a uno de los paniaguados, como el Secretario Privado de Meyer. Habrá que buscar mecanismos para que la decisión de cesar a un Gerente tenga que ser adoptada por el pleno de los diputados a fin de darle la suficiente autonomía para impedir que sea objeto de golpes bajos y presiones de parte de alguien que desde la directiva quiera seguir cometiendo las mismas mañas de siempre.
Cualquier idea que se tenga para buscar mecanismos de mayor transparencia y quitar peso político a la función administrativa en el Congreso es buena y vale la pena explorarla. Creo que la iniciativa de Crespo es interesante y que debe dársele atención para que se pueda iniciar un proceso de profesionalización de los empleados del Organismo Legislativo porque si dependen de un técnico en administración estarán menos expuestos a los vaivenes y los caprichos políticos de quienes año con año se suceden en la Junta Directiva.
La Junta Directiva del Congreso tiene que centrar sus funciones en la agenda legislativa y en promover eficiente trabajo de las comisiones y del pleno. La mayor parte del tiempo ahora la dedican a cuestiones relacionadas con el manejo del presupuesto del Congreso, con cuestiones eminentemente administrativas que no entienden y que terminan manejando con muy pobre criterio. Por ello la figura de un gerente que se haga cargo de manejar el pisto del Congreso y rendir cuentas a la Contraloría, si es que esa entidad al fin muestra un aire con remolino, puede ser un paso importante.