Un escarabajo Volkswagen azul de modelo atrasado se acercaba al final de la zona 1 de la capital de Guatemala. Exactamente circulaba hacia el norte sobre la 11 avenida y casi llegaba a la 1ª. calle. Su conductor escuchó el ulular de una sirena detrás de él y, en marcha, por respeto al tráfico que venía siguiéndolo, se acercó a la orilla derecha de la calle para que pudiera rebasar con comodidad la patrulla de la Policía Nacional Civil que circulaba con sirena abierta.
El semáforo estaba en verde y aprovechó para seguir y estacionarse unos metros más allá, pasada la calle, mientras pasaba el bullicio de la sirena. íšnicamente sintió el tremendo golpe que lo lanzó violentamente hacia el expendio de gasolina que está en la esquina. Otra patrulla, tipo pick up de doble cabina como los que son tan conocidos y temidos en Guatemala, también viajaba a toda velocidad con sirena abierta sobre la 1ª. calle y sin tomar la mínima precaución, pasó el semáforo en rojo y golpeó de lleno al pequeño escarabajo que pasaba la calle en verde para darle paso a la otra patrulla. Por milésimas de segundo no chocaron violentamente las dos patrullas.
El joven que manejaba el Volkswagen, después del choque, abrió despacio la portezuela y bajó lentamente con su figura alta, delgada, pálida, desencajada y temblando. Sin embargo, mantuvo la calma, mientras se le acercaban unos cinco policías, todos con las manos sobre sus armas enfundadas (Más adelante se pudieron contar hasta 32 policías de la PNC en el lugar del accidente). La dama que acompañaba al joven en el auto también conservó la calma y los policías se aplacaron un poco, aunque la intimidación hacia el joven y hacia los transeúntes que por allí pasaban viendo o inquiriendo sobre el accidente, se mantenía con firmeza en los rostros de los agentes.
El joven anunció que estaba llamando a su aseguradora y esto aplacó un poco más a los agentes, en virtud de que uno de los tripulantes de la patrulla que chocó al joven estaba tirado en el piso, seguramente por un golpe que sufrió en el momento del fortuito accidente. Los policías esgrimían el argumento de que un vehículo oficial que lleva sirena abierta lleva la vía bajo TODAS las circunstancias y que el joven era el culpable de lo ocurrido.
Obviamente el conductor del Volkswagen no tuvo la oportunidad de escuchar la sirena de la patrulla sobre la calle porque traía muy cercanamente a sus espaldas la sirena de la patrulla que circulaba detrás de él. Los policías de la 1ª. calle ni siquiera hicieron el intento de frenar por precaución al llegar al peligroso crucero.
Las sirenas de la Policía Nacional Civil se escuchaban por todos lados. Acababan de asesinar a un agente e hirieron a otros más en la 10ª. avenida y 1ª. calle y las patrullas corrían como locas por todo el sector. El sector se llenó, literalmente, de patrullas.
Segundos antes de entrar a un banco del sistema que está en la 1ª. calle y 11 avenida esquina, personalmente escuché parte de las ráfagas de alto calibre que se sucedieron una tras otra en la 1ª y 10ª. Ingresé al banco, hice las operaciones que debía y al salir logré presenciar, en panorámica, el accidente de la patrulla con el Volkswagen.
No tengo la mínima idea de qué ocurrió posteriormente con el joven del Volkswagen, quien deseo que salga con bien del lance tan delicado e incómodo que le ocurrió.
Es necesario recalcar que la imprudencia y el abuso de la autoridad policial también son causas de violencia en Guatemala.