Al menos 80 personas murieron y 400 están desaparecidas a raíz de un desprendimiento de terreno que arrasó el lunes por la noche tres pueblos del este montañoso de Uganda, indicó la Cruz Roja, pero las autoridades temían el miércoles un balance de víctimas muchos más grave.

Las posibilidades de encontrar supervivientes son tanto menores cuanto los equipos de socorro estaban limitados a unas cincuenta personas equipadas con palas, dado que la zona es demasiado escarpada para que puedan llegar máquinas y llueve intensamente.
«La lluvia es muy fuerte y el acceso al lugar es imposible. La situación es verdaderamente espantosa. Tememos que haya trescientos muertos», declaró Geofrey Natubu, vicepresidente del distrito de Buduba, la capital comarcal.
Sólo algunos helicópteros del ejército podían aportar agua y ayuda a esta región del monte Elgon (que culmina a 4.321 m de altitud), cerca de la frontera con Kenia.
«Todo recae sobre los habitantes de la zona y sobre nosotros. Hacemos todo lo que podemos, pero tenemos muchas dificultades a raíz de la enormidad de los escombros. El terreno es sumamente hostil», explicó el capitán Henry Obbo, portavoz militar de la región este del país.
Unos 80 cuerpos fueron sacados del mar de lodo que inundó los pueblos de Bukalasi, Bumayoka y Namet, situados en los flancos de la montaña.
Al menos 300 personas seguían desaparecidas el miércoles, según la Cruz Roja ugandesa, pero la cifra podría llegar a 400, según un portavoz de la organización.
«Estaba en mi casa cuando oí un ruido. Miré afuera y vi el lodo que nos rodeaba. Grité «Â¡morimos, morimos!», cuenta una de los pocos supervivientes, Elina Namasa, de 18 años, atendida en el modesto dispensario médico de Bududa.
«Todas las personas con las que estaba murieron. Todas salvo yo y mi bebé», agrega la joven, diciendo los nombres de once de sus parientes.
«Estuve tres horas en el lodo antes de ser socorrida. Estaba enterrada y podía oir a la gente que cavaba. Les grité ¡aquí, aquí! y ellos me oyeron. Pusieron tanta energía que lograron sacarme», relata.
Sam Olyamboka asistía a misa el lunes por la noche cuando se produjo la catástrofe. «Estaba en la iglesia cuando vi el alud de lodo que arrastraba rocas y árboles. Todo el mundo huyó de la iglesia, pero varias personas murieron, cinco quizá», cuenta.
«El lodo llegó tan rápidamente que no pude correr. Un árbol me cayó encima, pero la gente del pueblo pudo salvarme», dice Sam, de 24 años.
El presidente ugandés, Yoweri Museveni, se trasladó al lugar de la catástrofe y visitó a los sobrevivientes, en su mayoría albergados en las escuelas de los pueblos vecinos.
Las autoridades advirtieron que hay riesgo de otros desprendimientos de terreno a raíz de la persistencia de las lluvias.