UE examina nuevas reglas anticrisis


Los lí­deres de la UE abren este jueves una cumbre para reforzar la disciplina presupuestaria y crear un fondo de rescate permanente para los paí­ses en apuros, que se incluirá en una reforma del Tratado de Lisboa si Berlí­n y Parí­s convencen a sus socios de su necesidad.


Los jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea (UE) están llamados en su cita de dos dí­as en Bruselas a adoptar un paquete de medidas para prevenir nuevas crisis de deuda pública en el continente, con el refuerzo sobre todo de las sanciones económicas para los Estados más derrochadores.

«Vamos a demostrar que podemos sacar lecciones de la crisis», prometió el jueves el presidente de la UE, Herman Van Rompuy, refiriéndose a la debacle originada este año en Grecia por su déficit público exorbitante que amagó con propagarse a otros paí­ses fuertemente endeudados como España y Portugal.

La artillerí­a anti-crisis incluye además perennizar un fondo de rescate europeo creado en mayo por tres años y destinado a apoyar a los paí­ses de la zona euro en apuros financieros.

Uno de sus propósitos será evitar que el pánico se apodere nuevamente de los mercados, desestabilizando el conjunto de la Eurozona.

Pero, para crear ese mecanismo permanente, Alemania y Francia reclaman una reforma de aquí­ a 2013 del Tratado de Lisboa, el texto fundamental de la UE que entró en vigor en diciembre tras un doloroso proceso de ratificaciones en cada uno de los 27 paí­ses de la UE.

Alemania defiende que su Tribunal Constitucional podrí­a impedirle suscribir la creación de ese fondo, del que serí­a el primer contribuyente, puesto que el actual estado del Tratado de Lisboa no permite que un paí­s sea salvado de la bancarrota por sus socios europeos.

La idea levantó ampollas en los últimos dí­as en el continente, donde todaví­a se recuerda el «no» de los irlandeses en un primer referéndum y las reticencias de República Checa y Polonia al texto, que amenazaron con dar al traste con todo el proceso.

Pero las maniobras diplomáticas alemanas permitieron suavizar las posturas de sus socios y de la Comisión Europea, antes de la apertura de la cumbre.

El presidente de la Comisión, José Manuel Barroso, declaró el jueves que si un cambio «limitado» del tratado «está destinado a dar una respuesta a las crisis económicas, entonces tenemos que abordar el tema».

«Si Alemania nos dice que para lograr (crear ese fondo) necesitamos cambiar el tratado, estamos abiertos a la discusión», coincidió el primer ministro sueco, Fredrik Reinfeldt.

«No tenemos problema en principio para cambiar el Tratado», reafirmó el jefe de gobierno griego, Giorgos Papandreou.

Suecia y Grecia se sumaron así­ a Dinamarca, Finlandia y Luxemburgo que en las últimas horas se mostraron dispuestos a dar su brazo a torcer y aceptar modificar el Tratado de Lisboa.

Fuentes diplomáticas se mostraron confiadas en un acuerdo durante la cumbre, previendo que los 27 podrí­an encargar al presidente de la UE Van Rompuy buscar la manera de retocar el texto sin provocar grandes turbulencias.

Pero el eje franco-alemán chocará en cambio con la hostilidad de sus socios en un segundo frente.

Ambos paí­ses no han encontrado hasta ahora ningún apoyo a su exigencia de establecer sanciones polí­ticas a los paí­ses que excedan los lí­mites de deuda pública, retirándoles el derecho a voto en las reuniones europeas.

«Si el cambio de Tratado debe servir para reducir los derechos de voto, entonces me parece inaceptable», declaró Barroso.

INNOVACIONES Disciplina presupuestaria


La UE estudiará en su cumbre del jueves y viernes en Bruselas adoptar un paquete de medidas para reforzar la disciplina presupuestaria y evitar nuevas crisis de deuda pública como la griega, previendo en particular sanciones económicas para los paí­ses laxistas.

Estas son las principales innovaciones propuestas:

– EXAMEN DE LAS POLITICAS ECONOMICAS NACIONALES:

Hasta aquí­, las sanciones podí­an aplicarse únicamente a los paí­ses que sobrepasaran los lí­mites de deuda y déficit públicos establecidos por el Pacto de Estabilidad de la Unión Europea (UE). Ahora, podrán imponerse a los Estados que lleven a cabo polí­ticas económicas consideradas peligrosas.

Si un paí­s desarrolla una burbuja inmobiliaria -como fue el caso reciente de España o Irlanda-, o si su competitividad empieza a retroceder, recibirá una advertencia de Bruselas y, si pertenece a la Eurozona, podrá ser objeto de sanciones.

Además, los presupuestos nacionales serán examinados cada año por el conjunto de paí­ses de la UE antes de que sean votados en los respectivos parlamentos. El objetivo: asegurarse de que ninguno de ellos se exponga a un descontrol económico.

– SANCIONES MAS RAPIDAS Y CONTRA LA DEUDA EXCESIVA:

Por primera vez, las sanciones (bloqueo de depósitos bancarios) podrán ser decididas con carácter preventivo, es decir, antes de que el déficit público de un paí­s exceda el 3% del Producto Interior Bruto (PIB), el lí­mite fijado por el Pacto de Estabilidad. En ese caso, se dispondrá de seis meses para corregir los puntos débiles. Además del bloqueo de depósitos bancarios, se estudia en el futuro privar a los infractores de determinadas subvenciones europeas.

Las sanciones se aplicarán sobre todo a los paí­ses que superen el 3% del déficit y el 60% de la deuda pública y que no los reduzcan a buen paso. A partir de ahora, será más difí­cil bloquear la imposición de una sanción a un paí­s. La sanción será más rápida aunque no automática, como lo deseaba Alemania.

Alemania, apoyada por Francia, insiste además en crear un tipo de sanción polí­tica, privando a los Estados infractores del derecho a voto en el seno de la UE. Pero esta propuesta suscita gran hostilidad entre sus socios europeos.

– FONDO DE RESCATE PERMANENTE EN LA ZONA EURO:

La UE juzga necesario perennizar el fondo de apoyo a los paí­ses de la Eurozona establecido en mayo por un periodo de tres años tras la crisis de la deuda griega.

El objetivo es tranquilizar a los mercados de que la Eurozona no corre ningún riesgo. Alemania y Francia condicionan este mecanismo a un cambio en el Tratado de Lisboa y exigen que los bancos que prestan dinero a los Estados también participen en su financiación.