La Unión Europea abre mañana en Bruselas una cumbre crucial centrada en su plan de lucha contra el cambio climático y su programa de reactivación económica, cuyo éxito dependerá de la capacidad para superar las fuertes divergencias, principalmente entre Alemania y Francia, en varias cuestiones.
«Deberemos tomar una serie de decisiones con implicaciones altamente significativas para el futuro de Europa», indicó en la carta de invitación a la cumbre de dos días el jefe de Estado francés, Nicolas Sarkozy, presidente en ejercicio de la UE, dejando en claro todo lo que está en juego.
Por un lado, la UE debe aprobar su plan de lucha contra el cambio climático, pretendido modelo para el resto del mundo, pero que las reivindicaciones nacionales, en particular de parte de Alemania, Italia y Polonia, tienen en jaque.
La UE se fijó en marzo de 2007 un triple objetivo para 2020: reducir en 20% sus emisiones de gases de efecto invernadero con respecto a sus niveles de 1990 y llevar a 20% la parte de energías renovables en su consumo, que al mismo tiempo debe reducirse un 20%.
Pero los países europeos no se ponen de acuerdo sobre los instrumentos a utilizar para llegar a ese «20-20-20».
Todos los sectores de la economía deben participar en el esfuerzo, empezando por la industria, que tiene que reducir en un 21% en ocho años sus emisiones de gases de efecto invernadero.
Para ello, la Comisión Europea propone que los industriales paguen por cada tonelada de CO2 que emitan a partir de 2013, a través de un sistema de subasta del total de emisiones que puede permitir la UE.
Ante las preocupaciones de Alemania, Polonia e Italia por el futuro de sus sectores de producción, la presidencia francesa de la UE prevé incluir numerosas derogaciones, intentando sin embargo no perder la esencia de la idea de Bruselas, indicó un diplomático francés.
Si las negociaciones se anuncian duras, en los últimos días se han registrado algunos acuerdos alentadores, por ejemplo el referente a la inclusión de un 20% de energías renovables (eólica, solar, biocarburantes) en su consumo energético total en 2020.
El segundo gran eje de la cumbre es el plan de reactivación económica lanzado por la Comisión Europea por un monto de 260.000 millones de dólares (200.000 millones de euros), que ha provocado grandes tensiones entre Alemania de un lado y Francia y Gran Bretaña del otro.
Según el proyecto de conclusiones de la cumbre, el plan representará «un esfuerzo presupuestario total de por lo menos el 1,5% del PIB (Producto Interior Bruto) de la Unión Europea», un compromiso que ciertos países del Este se resisten a aceptar a raíz de sus problemas económicos y financieros.
En busca de algo concreto
El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, insistió el martes en la necesidad de tener un objetivo claro para volver «más creíble» el plan.
Sarkozy y el primer ministro británico Gordon Brown reiteraron el lunes en una reunión en Londres su intención de lanzar un plan lo más ambicioso posible.
En cambio, Alemania quiere que las promesas sean lo menos vinculantes posibles, negándose a pagar por los otros, como ya le ha ocurrido tantas veces a raíz del principio de solidaridad.
El hecho de que la canciller alemana Angel Merkel no fuese invitada a la minicumbre de Londres entre Sarkozy y Brown, en la que también estuvo presente Durao Barroso, no hizo más que aumentar las tensiones.
«No veo bien que los tres se reúnan solos y que la canciller no esté ahí», declaró en ese sentido el ministro alemán de Relaciones Exteriores, Frank-Walter Steinmeier.
Durante la cumbre, los jefes de Estado y de gobierno de la UE esperan lograr además un compromiso de parte de Irlanda para organizar en 2009 un nuevo referendo sobre el Tratado europeo de Lisboa, que sus ciudadanos rechazaron en junio pasado provocando una nueva crisis institucional en el bloque.