Los líderes de la Unión Europea lanzan hoy por la tarde en Bruselas una crucial cumbre que buscará acordar un nuevo tratado para reemplazar a la Constitución europea y cerrar así dos años de crisis, en medio de la amenaza de veto del Reino Unido y Polonia.
La canciller alemana íngela Merkel, presidenta en ejercicio de la UE, llega a Bruselas preparada para durísimas negociaciones de resultado incierto, aunque está decidida a sacar al bloque de la parálisis en la que cayó desde que franceses y holandeses rechazaron en 2005 el proyecto de Constitución.
Para ello, Merkel presentó el martes una propuesta de nuevo tratado más modesto pero que conserva las grandes innovaciones de la Constitución: creación de una presidencia estable de la UE y de un ministro europeo de Relaciones Exteriores (que no llevará ese nombre), aumento de las decisiones adoptadas por mayoría cualificada en lugar de unanimidad.
El texto incluye también una mención vinculante a una Carta de Derechos Fundamentales de los ciudadanos, garantía de fundamentos democráticos para toda Europa.
En su búsqueda de consenso, Merkel puede contar con el apoyo de los 17 países, además de Alemania, que ratificaron la Constitución, así como de Francia, Portugal, Dinamarca e Irlanda.
«Vamos a intentar encontrar un compromiso que nos ayude a avanzar. No puedo imaginar que no lo encontremos», dijo el miércoles por la noche el presidente francés Nicolas Sarkozy, quien hará su bautismo de fuego a nivel europeo.
Sin embargo, para lograr ese compromiso, habrá que convencer a los cuatro «rebeldes»: el Reino Unido, Polonia, Holanda y República Checa.
El primer ministro británico Tony Blair, que será reemplazado muy pronto por el más euroescéptico Gordon Brown, ya afirmó que no quiere una Carta de Derechos Fundamentales jurídicamente vinculante, ni un canciller europeo ni un aumento de las decisiones aprobadas por mayoría.
«El gobierno británico es claro: una falta de acuerdo es mejor que un mal acuerdo», advirtió el miércoles la ministra de Relaciones Exteriores británica, Margaret Beckett.
De su lado, Polonia, apoyada por República Checa, rechaza el sistema de cálculo de votos por mayoría cualificada previsto por la Constitución, que a su entender la desfavorece particularmente, al tiempo que beneficia a Alemania.
Holanda, que ha dado un giro euroescéptico desde el referéndum negativo de 2005, no sólo quiere un texto minimalista para evitar una segunda consulta, sino que también exige un mayor poder para los parlamentos nacionales y la inclusión de los criterios de Copenhague para controlar más estrictamente futuras ampliaciones de la UE.
En medio de tantos interrogantes, los 27 lograron al menos resolver ciertas cuestiones, por ejemplo el abandono del término «Constitución» o los símbolos, como la bandera o el himno de la UE, que algunos veían como el advenimiento de un super-Estado europeo.
En caso de acuerdo, los líderes europeos convocarían a una Conferencia Intergubernamental (CIG) encargada de redactar el nuevo tratado, que podría ser firmado a fines de 2007 ó principios de 2008 y, tras la ratificación de cada Estado, entrar en vigor a mediados de 2009 para las elecciones europeas.