Dependiendo del cristal con el que las cosas se vean y habiéndose celebrado un nuevo aniversario de la muerte de Jacobo Árbenz y un nuevo aniversario del 13 de noviembre, cabe evaluar, analizar quién de estas tres personas merece realmente mayor respeto por su comportamiento y defensa de principios y convicciones en la historia de nuestro país.
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Jacobo Árbenz fue un destacado cadete que se retiró como capitán y que el 20 de octubre de 1944 no tenía mando de tropa, razón por la cual, sin la participación del mayor Francisco Javier Arana, quien tenía no solo mando de tropa sino dirigía la batería de obuses de la Guardia de Honor y la participación cívica de Jorge Toriello, seguramente el 20 de octubre no se hubiera producido y por consiguiente, Árbenz no hubiera ascendido de capitán a coronel o desempeñado el puesto de Ministro de la Defensa, tampoco –si no hubiera muerto Arana– no hubiera sido candidato y por ende no hubiera sido presidente. Por tanto, no hubiera hecho los planteamientos que durante su gobierno realizó.
Luis Turcios Lima y Marco Tulio Yon Sosa fueron los principales líderes del 13 de noviembre de 1960, movimiento militar profesional que un año y fracción después fue la semilla o germen que produjo el movimiento guerrillero o insurgente que durante 36 años trató de reemplazar al gobierno en Guatemala.
A diferencia de Jacobo Árbenz, que durante muchos años vivió y murió exiliado, tanto Turcios como Yon Sosa murieron con las botas puestas. El primero en un dudoso accidente de tránsito en la Calzada Roosevelt; dudoso porque como lo comprobó el juez de paz de turno, Turcios murió carbonizado, quedó hecho cenizas de la cintura hacia abajo y eso no se produce en un accidente de tránsito, sí se produce como consecuencia de una bomba de napal que perfectamente le pudieron colocar quienes lo envidiaban y antagonizaban. El Chinito Yon Sosa murió combatiendo a quienes lo cercaron en la frontera Guatemala-México.
Por consiguiente, la diferencia entre Árbenz y los dos comandantes guerrilleros es significativa, los tres fueron cadetes, los tres fueron oficiales del ejército, pero su paso hacia la historia es sin duda distinto.
Árbenz nunca regresó vivo a Guatemala, nunca empuñó un fusil y nunca estuvo a punto de perder la vida combatiendo, luchando y defendiendo sus ideas. Luis Turcios y Marco Antonio Yon Sosa pudieron quedarse en el exilio, después del 13 de noviembre, incluso pudieron optar por hacer una carrera universitaria y por acogerse a una amnistía, pero no lo hicieron independiente del sesgo político que tomaron, nadie pone en duda su valor, su sacrificio y la entrega de su vida sin vacilaciones.
La historia tendrá que darle un peso específico al actuar de quienes han bregado y luchado por transformar Guatemala, tanto a quienes lo han hecho desde la derecha hasta la izquierda. Los métodos han sido y serán distintos; sin embargo, todos los que se han involucrado en la transformación de nuestro país, reconocen que nuestra sociedad históricamente ha sido injusta, por ello Fray Bartolomé de las Casas y muchos otros misioneros le señalaron a la Corona española que los habitantes de América y Guatemala eran seres humanos.
Todos nuestros gobiernos, de una u otra forma, se han visto enfrentados a una realidad que claramente evidencia la pobreza, la desnutrición, el abuso de unos pocos en contra de millones.
En el país siempre existirá la posibilidad de una revolución o de una evolución que permita que nadie se muera de hambre, que los puestos de trabajo sean adecuados y justos, sin ello no hay paz o justicia.
¡Guatemala es primero!