Tropas atacan pueblo rebelde


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Las fuerzas militares sirias cañoneaban desde la madrugada de hoy el pueblo de Rastan, en poder de los rebeldes, en el centro de Siria, y provocaron intensos enfrentamiento con un gran número de víctimas que colmaban los hospitales y clínicas, dijeron los activistas.

Por BASSEM MROUE y BEN HUBBARD BEIRUT / Agencia AP

La violencia en Rastan, un inestable poblado en la provincia central de Homs, y las otras partes del país está erosionando la paz negociada en el ámbito internacional que según muchos es la última esperanza para calmar la crisis de 14 meses en el país.

Un vídeo aficionado mostró a una joven que al parecer había sufrió heridas de metralla en el muslo bajo tratamiento en un hospital improvisado de Rastan, mientras gritaba de dolor. Cuando se le preguntó dónde estaba su madre, la niña dijo: «Murió».

El pueblo, situado al norte de la ciudad de Homs, ha estado en poder de los rebeldes desde enero.

El grupo Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, de Gran Bretaña, y los Comités Locales de Coordinación, dijeron que Rastan era cañoneado desde ayer.

Rami Abdul-Rahman, que dirige el Observatorio, dijo que los rebeldes lograron destruir varios vehículos del Ejército durante los enfrentamientos y mataron algunos soldados. La historia no pudo ser confirmada de manera independiente.

Los ataques en Rastan se dieron luego de que las tropas sirias mataron al menos a cinco personas cuando irrumpieron un poblado agrícola en la provincia de Hama, donde prendieron fuego a las casas y saquearon locales comerciales en lo que parece ser el empeoramiento de las relaciones entre los grupos religiosos del país.

Siria es suní en su mayoría, pero el presidente Bashar Assad y la élite pertenecen a una minoritaria secta Alawite. Las tensiones sectarias al parecer crecen en algunas áreas, lo que agrega un peligroso elemento nuevo a la violencia.

Muchos sirios acusan a Assad de explotar esa división al desatar a pistoleros alawitas conocidos como «shabiha», que operan como un brazo pagado por el régimen. El gobierno culpa el derramamiento de sangre a pandillas armadas y extremistas que actúan mediante un plan extranjero para desestabilizar Siria.