Ante una expectativa mundial, el 4 de noviembre, del presente año, se realizaron los comicios presidenciales de los EE.UU. entre dos únicos contendientes, el republicano John McCain y el conservador Barack Obama. De acuerdo con las predicciones triunfó Obama, siendo el primer Presidente de color-mixto, padre negro y madre blanca.
A diferencia de lo que sucede entre nosotros, McCain no alegó fraude ni presentó acciones pretendiendo repetir las votaciones, al contrario, lo felicitó y dijo en su discurso de despedida que Obama era su Presidente. Esa pérdida por llegar a la primera magistratura del país más poderoso del mundo actual, se le atribuye a la política del señor W. Bush que embarcó a su país en una guerra prolongada que ha originado una debacle financiera internacional. Por otra parte a que el pueblo norteamericano ha estado ansioso por tener un cambio en su país que le proporciones estabilidad y tranquilidad en distintos frentes ciudadanos. Naturalmente ese cambio, dadas las circunstancias en las que se encuentra inmersa la red mundial, no va a operarse con la presteza que una gran mayoría quisiera dentro y afuera de las fronteras estadounidenses.
La llegada a la Presidencia de Obama en una elección sin precedentes, demuestra lo que es una democracia, pues por él votaron en gran mayoría ciudadanos de raza blanca ausentes de toda discriminación racial, sin contar desde luego, a los de color, que se sienten identificados con su compatriota.
Ya que somos dados a copiar muchas cosas que se estilan en otros países introduciéndolas aquí sin una preparación previa, se me ocurre que únicamente había dos partidos, el liberal progresista, de derecha y el Conservador de centro. Entonces las batallas electorales se definían entre éstos dos, lo único es que el período eleccionario se desarrollaba en tres días, viernes, sábado y domingo, que ahora resulta obsoleto, pero hace falta implementar los medios electrónicos que den más fluidez a los resultados.
Sería ideal. Como dejo dicho, la existencia de solo dos partidos y no profusión de minipartidos que restan votos entre sí, porque de todas maneras resultan dos para una segunda vuelta. Hubo una ocasión allá entre los cuarenta y nueve y cincuenta y uno, si mal no recuerdo, en la que se presentaron a la palestra dieciséis candidatos, en ese entonces ganó Coronel Arbenz, y se dio el caso de que algunos sacaron ostensible minoría, pues ni siquiera sus posibles simpatizantes votaron por ellos.
Naturalmente, eso requiere un estudio y enmiendas a fondo de la Ley Electoral de Partidos Políticos y de consenso entre los diversos partidos políticos, algo difícil, como la reducción de diputados al Congreso que debiera ir paralela. Esto como dejo dicho, tomando el ejemplo de los países grandes. Ya es tiempo de ir pensando en ello. Demostremos que somos un país verdaderamente amante de la democracia.
íTEMS MAS: Si pretenden seguir los postulados de la Revolución del 20 de Octubre de 1944, que empiecen por recuperar los bienes e instituciones y otros, que están en manos extranjeras, pero con estricto apego a las leyes.