El presidente Mahmud Ahmadinejad declaró el miércoles que Irán alcanzó la cota de 3 mil centrifugadoras, un número simbólico que teóricamente permite obtener en menos de un año suficiente uranio altamente enriquecido para fabricar una bomba atómica.
«Hoy hemos llegado a las 3 mil máquinas» para el enriquecimiento de uranio, dijo el presidente iraní ante una muchedumbre congregada en la ciudad de Birdjand, en la provincia oriental de Jorasan del Sur.
La cifra de 3 mil centrifugadoras constituye un módulo que permite, teóricamente y a condición de que funcione de manera óptima, obtener en menos de un año suficiente uranio altamente enriquecido para fabricar una bomba atómica.
Ahmadinejad no precisó si la totalidad de las centrifugadoras funciona. La Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) informó a finales de agosto de que Irán hacía funcionar 1.968 centrifugadoras y que otras 656 estaba siendo probadas o en curso de instalación.
La AIEA señaló también que los técnicos inyectaban cantidades relativamente bajas de gas hexafluoruro de uranio en las máquinas, lo que hace suponer que las instalaciones no funcionan de forma óptima.
El enriquecimiento de uranio centra la crisis sobre el programa nuclear iraní.
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, calificó de «inaceptable» el martes que Irán se dote del arma nuclear.
La canciller alemana, Angela Merkel, añadió que «Alemania, si Irán no cede, está dispuesta a nuevas sanciones más severas».
El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas exigió la suspensión del enriquecimiento de uranio en tres resoluciones, dos de ellas acompañadas de sanciones.
Los cinco miembros permanentes del Consejo y Alemania advirtieron de que intentarían obtener una nueva resolución que aumente las sanciones si Teherán no acepta sus exigencias.
El presidente iraní, cuya autoridad es menor que la del guía supremo, el ayatolá Alí Jamenei, volvió a rechazar cualquier concesión en la materia.
«Irán no concederá ningún crédito a esas resoluciones» eventuales, afirmó Ahmadinejad, que había calificado las precedentes de «trozos de papel».
El presidente también negó la eficacia de las sanciones, asegurando que la «nación iraní se ríe de las sanciones». «Este pueblo no se moverá, especialmente en lo que respecta a su derecho a la tecnología nuclear», añadió.
Irán considera que el desarrollo de su programa nuclear es «un derecho» inalienable. Pero las grandes potencias consideran que las dudas sobre la naturaleza de este programa exigen la suspensión de sus actividades más sensibles.
El enriquecimiento de uranio permite tanto obtener el combustible necesario para una central nuclear como la materia prima para fabricar una bomba atómica.
Teherán asegura que su programa de enriquecimiento tiene un objetivo puramente civil, pero la AIEA afirma no estar en medida de confirmar su naturaleza pacífica.
Irán se comprometió en agosto a aclarar a la agencia antes de finales de año los elementos clave de dicho programa.
El director de la AIEA, Mohamed El Baradei, debe entregar un informe a finales de noviembre sobre el estado de dicha cooperación.
Israel, que milita a favor de endurecer las sanciones contra Irán, puso en entredicho la imparcialidad de El Baradei, por temor a que su informe no sea lo suficientemente duro contra Teherán.
El portavoz de la diplomacia israelí Mark Regev acusó a la Agencia el martes de seguirle «el juego a los iraníes, contribuyendo a la estrategia iraní consistente en dar largas».
Las grandes potencias acordaron esperar dicho informe, así como el del Alto Representante de Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea, Javier Solana, antes de decidir si presentan una nueva resolución al Consejo de Seguridad.