Tres lí­deres debilitados


Mahmud Abas (I), lí­der de la Autoridad Palestina, George W. Bush (C), presidente de Estados Unidos, y Ehud Olmert (D), primer ministro israelí­, iniciaron hoy la conferencia en Annapolis.

El presidente estadounidense George W. Bush, debilitado en el plano interno, recibe el martes en Annapolis a un primer ministro israelí­ objeto de una investigación sobre un escándalo financiero, y a un presidente palestino privado de autoridad en una parte de sus territorios.


Si se llegase a un acuerdo entre palestinos e israelí­es sobre los términos de futuras negociaciones de paz, ¿podrí­an estos tres lí­deres convencer de la pertinencia de una nueva iniciativa a una opinión pública escéptica y a grupos islamistas contrarios a cualquier compromiso?

Bruce Riedel, ex consejero presidencial para Medio Oriente que trabaja actualmente en Brookings Institution, se declara pesimista.

«Tenemos aquí­ a tres dirigentes en una frágil posición para dirigirse a sus electores y decir ’confí­en en mí­, sé lo que hago’», estima Riedel.

Para el ex consejero, Bush es el presidente de Estados Unidos en la situación más débil, con cuotas de popularidad cercanas al 30%, mientras todaví­a le queda un poco más de un año de mandato. Está obligado a convivir con un congreso demócrata hostil.

«(La situación) debe compararse con Bill Clinton, que trató de hacer progresar la paz en Medio Oriente pero con una cuota de popularidad superior al 50% y sin el lastre de dos guerras (Irak y Afganistán)», prosigue Riedel.

Paul Scham, experto del instituto de Medio Oriente, destaca la necesidad de un liderazgo sólido para que progrese la paz en la región.

Pero «es difí­cil creer que el primer ministro (Ehud) Olmert sobreviviese a la tormenta polí­tica que tendrí­a lugar si llegara a aceptar lo que los palestinos presentan como sus exigencias mí­nimas», escribe el experto.

El primer ministro israelí­, que accedió al puesto tras los problemas de salud de Ariel Sharon, es objeto de una investigación en el marco de un escándalo financiero.

La Policí­a examina acusaciones en su contra de abuso de autoridad durante la privatización de un importante banco en 2005, y en la compra de una lujosa casa en Jerusalén en 2004.

«También en la esfera polí­tica los palestinos se encuentran en una desorganización sin precedentes», añade Scham refiriéndose a la toma de control de la franja de Gaza por parte de Hamas.

Según el experto es posible que Abas considere Annapolis como «la mejor oportunidad para un pulso con los islamistas».

La reunión de Annapolis busca reactivar un proceso de paz moribundo, pero las dos partes no se ponen de acuerdo sobre el estatuto final de los territorios palestinos, especialmente sobre las fronteras de un futuro Estado palestino, Jerusalén, y la cuestión de los refugiados palestinos.

Varios observadores destacan que el incremento de la presencia iraní­ en la región jugó un rol en el renovado interés por la paz de George W. Bush y en la decisión de los paí­ses árabes de acudir a la reunión.

Frente al fiasco iraquí­, lograr un avance en la resolución del conflicto israelo-palestino serí­a una forma de dejar una huella positiva en la región.

«Annapolis está realmente destinada a mostrar al pueblo estadounidense que existe una faceta diplomática en nuestra estrategia en Irak consistente en concentrarse en el proceso de paz israelo-árabe», explica Riedel.

«El grado de compromiso del presidente Bush hacia esta nueva iniciativa fue objeto de cuestionamientos todo el año», expone Tamara Cofman Wittes de la Brookings Institution. «Dudo que lo veamos implicarse mucho en la mediación israelo-palestina una vez terminada la conferencia», vaticina Cofman.