Traumado


«Â¿Dónde aprendió a tener miedo a subirse en un autobús?» Esta es una pregunta que quizá los psicólogos formulen a quienes como yo, por el trauma, sólo ver pasar un autobús ocasiona ganas de hacer pipí­, popó, pupú o lo que sea. No es fácil pasar por una experiencia de atraco y más aún cuando ese tipo de servicio urbano o extraurbano se usa muy poco.

Eduardo Blandón

Particularmente, yo en más de veinte años de vivir en Guatemala me habré subido a un bus unas cinco o diez veces a lo sumo. Los suelo evitar porque, en primer lugar, van repletos de gente. Uno suele ir apretujado, colgado y sudando a mares. Y en segundo lugar, porque suele ser un servicio muy lento. Se paran en todas partes y uno demora mucho en llegar a su destino. Aprendí­ a odiarlos tanto, que en mis términos de referencia para conseguir novia estaba el que ésta tuviera carro. Si era una obrera y campesina como yo, mejor le decí­a que se buscara a otro con más futuro. Conmigo comenzarí­a mal su historia sentimental.

Pero, imagí­nese, qué suerte la mí­a. Aun y cuando he usado poco el servicio, ya fui ví­ctima de un asalto por bandoleros. Se dio hace un par de años, justo en Transporte Melva, (como el asalto del lunes), esos buses que viajan a El Salvador. La historia la conté en su momento, pero ahora que vuelve el tema se la comparto a usted para que vea cómo accionan los asaltantes y la irresponsabilidad de esa lí­nea de buses.

El dí­a del asalto quizá í­bamos en el bus unas cincuenta personas. En realidad éste iba medio vací­o. Comenzaba el mes de diciembre. Los de la lí­nea de servicio seguí­an su protocolo: venta de boletos, revisión en la puerta de entrada (antes de abordar el transporte), salida hacia San Salvador. Todo hasta aquí­ es medio regular. La verdad es que la revisión es una payasada barata. El muchacho que revisa sólo hace la pantalla y deja entrar a todos impunemente. Quizá se fí­a del aspecto decente de las personas o está muy cansado por largas horas de trabajo.

Luego viene lo peor y la mayor irresponsabilidad de Transporte Melva. El piloto del bus ya a media cuadra de la salida empieza a subir gente que «diz» que casualmente no ha podido abordar el bus en su lugar. Suben con la mayor impunidad del mundo, cero revisión e incluso, sin pagar el boleto. En el camino ya, antes de llegar a Vista Hermosa, se han subido aproximadamente diez personas. Todo está preparado para el asalto.

Pocos kilómetros después de empezar la carretera a El Salvador viene «la sorpresa». Se ponen de pie cuatro asaltantes empistolados, dos adelante y dos atrás, y empieza la feria. Uno de ellos lanza un balazo al techo del bus, dice varias malas palabras y pide a todos que bajen la cabeza. Ese dí­a los muchachos arrasaron con todo: dinero, zapatos, gorra, anteojos y si hubieran visto un buen par de calcetines o un calzoncillo también se van. Pocos kilómetros después (quizá unos cinco) se bajan del bus tranquilamente y empieza el trauma: llantos, quejas, parálisis y reproches. El primer sospechoso es el chofer del bus a quien «casualmente» no se le llevaron nada (ni siquiera el celular que portaba).

Transportes Melva es irresponsable de campeonato. Han asaltado la lí­nea de buses muchas veces (uno oye las historias en la frontera, que no precisamente salen publicadas en el periódico), pero ellos no hacen nada para evitarlo. Continúan subiendo gente en el camino e insisten con el hábito de no revisar adecuadamente a la gente antes de abordar el bus. ¿Ya ve por qué uno es tan traumado?