Los europeos parten divididos a la mini reunión ministerial de la OMC, con su negociador Peter Mandelson cuestionado por la presidencia francesa de la Unión Europea, y la preocupación de no inquietar aún más a los agricultores irlandeses tras el rechazo del Tratado de Lisboa.
Con este panorama, los ministros europeos de Comercio se reúnen mañana en Bruselas para tratar de superar sus diferencias y buscar una posición común antes de las cruciales negociaciones de la semana próxima en Ginebra sobre la Ronda de Doha.
Para la presidencia francesa de la UE y las otras potencias agrícolas europeas se tratará sobre todo de asegurarse que Mandelson respetará el mandato que se le ha otorgado y no firmará ningún acuerdo que no sea «equilibrado».
En efecto, Europa espera que, a cambio de las reducciones de subsidios y aranceles agrícolas, los grandes países emergentes como Brasil, India y China abran más sus mercados a los productos industriales y los servicios.
Esta cuestión se ha convertido en el punto principal de las negociaciones sobre liberalización de las transacciones comerciales de la Ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio (OMC), reemplazando a la larga disputa entre Europa y Estados Unidos sobre los subsidios agrícolas.
«La clave de un acuerdo es Brasil», afirmó el primer ministro británico, Gordon Brown, duante la última cumbre del G8 (los siete países más industrializados y Rusia).
«Por primera vez, la agricultura no es el principal obstáculo para un acuerdo en la OMC», subrayó la comisaria europea del área, la danesa Mariann Fischer Boel.
La Comisión Europea empuja hacia un acuerdo, y en privado sus responsables insisten en que la UE tiene todo para ganar con un acuerdo porque ya ha cumplido con los esfuerzos demandados para reducir sus ayudas a la agricultura con su reforma de la Política Agrícola Común (PAC) de 2003.
Postergar las negociaciones por unos años obligaría a la UE a «volver a revisar» sus cuentas, advirtió en ese sentido una fuente europea.
De lado de los Estados miembros, la opinión es diferente, y sólo los más liberales, como el Reino Unido, Suecia o Dinamarca, están a favor de un compromiso.
Francia, en cambio, cree que las «cuentas no cierran» para poder fimar un acuerdo, tal como lo dijo su presidente Nicolas Sarkozy la semana pasada, acusando a Mandelson de poner en peligro la agricultura europea con sus concesiones.
Además, Sarkozy considera que la posición liberal de Mandelson contribuyó al rechazo del Tratado de Lisboa por parte de los irlandeses en un referéndum el pasado 12 de junio, al alimentar los temores de los agricultores de ese país por posibles pérdidas de subsidios.
En ese sentido, la presidencia francesa de la UE piensa que concesiones muy importantes en la OMC van a comprometer aún más la celebración de un hipotético nuevo referéndum en Irlanda que resuelva la crisis institucional del bloque.
«Nuestro electorado está inquieto porque el balance es desequilibrado» en la OMC, subrayó un diplomático irlandés en Bruselas.
«Los textos sobre la mesa no permiten aliviar nuestras preocupaciones», agregó, justificando los temores que provoca el tema dentro de la UE.