En nuestra vida social por grande o pequeña que sea siempre nos vamos a encontrar con dificultades para poder interactuar con diversas personas. Ante esto, hemos de considerar si estas dificultades no son propias, o le son de propiedad a los demás.
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La descripción de las características de un desorden de la personalidad son amplias y muchos de nosotras/os convivimos con alguien que tenga algunas de estas particularidades. Nos es difícil comunicarnos, expresarnos y muchas veces esto nos provoca frustración, con el consecuente enojo ante nuestra imposibilidad de querer comprender lo incomprensible dentro de este tipo de relaciones.
Un maestro recordado durante el transcurso de mi residencia, me simplificó las clases de psicopatología realizando una diferenciación entre las neurosis y los trastornos de la personalidad. í‰l en ese entonces me preguntó: ¿Sabe usted cuál es la diferencia entre una persona con conducta neurótica y otra con un desorden de personalidad? Entonces, expuso su respuesta: la persona neurótica es la que se culpa de todo en la vida. Mientras que la persona que padece un problema de personalidad es la que siempre busca un culpable en el mundo ante su situación o eventos adversos.
Bueno, le agradezco a mi maestro haber compartido esto conmigo, que fue una simple apreciación que me sirvió para no complicarme mucho ante las grandes descripciones clínicas de esta patología.
Una breve descripción de estas personas es que poseen patrones fijos de conducta que provocan perturbación en su ámbito social, que se tornan inflexibles y no contribuyen a procesos de adaptación dentro del campo de las relaciones interpersonales.
Con lo anterior podemos inferir lo frecuentes que son, ya que, nos vemos involucrados con ellas en nuestros diferentes sectores sociales (familia, trabajo, sociedad en general). Sin embargo, estas personas no se encuentran conscientes de que su modo de actuar o sus patrones de pensamiento son inapropiados; por el contrario, creen estar en lo correcto. Son enviados a ayuda psiquiátrica debido a los problemas que causan a los demás por su comportamiento inadecuado.
Lamentablemente pocas de ellas acuden a la consulta psiquiátrica, es más, muchas de ellas se encuentran susceptibles y vulnerables a considerar esta sugerencia como un insulto o una forma de llegar a ser desprestigiados por gente con malas intenciones hacia ellas.
Es muy probable que las personas que acuden a consulta psiquiátrica realmente se encuentren con mayor salud emocional y mental que muchas otras que nunca acudirán a este tipo de servicio.
Los trastornos de personalidad tienen su origen como la mayoría de enfermedades psiquiátricas desde factores biológicos (la genética es muy importante), psicológicos y sociales. Se ha visto mayor desarrollo de esta entidad diagnóstica en personas provenientes de hogares donde han sufrido y vivenciado cualquier forma de violencia intrafamiliar.
Muchas de estas personas terminan consultando por dificultades extremas en el manejo del estrés, situaciones en las cuales se sienten propensas a ser rechazadas o abandonadas, eventos que generan tristeza extrema, que coinciden con el desarrollo de cuadros depresivos. Y situaciones de falta de control de impulsos, con cierta frecuencia algunos de estos desórdenes conducen a pensamientos, gestos e intentos suicidas y homicidas.
Es importante hacer hincapié en que una consulta al psiquiatra no significa que estemos en o al borde de la locura, si no que, un tratamiento en esta área puede propiciar el conocernos más a profundidad, el adquirir herramientas para encarar la vida y los problemas que la misma trae consigo.
También es atrevernos a mirar la existencia con un lente distinto que nos incite a buscar el crecer y madurar para convertirnos en las personas que deseamos ser, aceptar la comprensión de nuestros límites como seres humanos y fomentar nuestra propia calidad de vida y de las personas que nos rodean.