Transplantan jóvenes futbolistas indonesios a Uruguay


Demis Djamaoeddin, gerente general de los equipos nacionales de Indonesia, observa a un grupo de jóvenes connacionales mientras entrenan en Montevideo.

«Excellent!! Very Good!!», grita el director técnico César Payovich, al culminar el entrenamiento de la selección de adolescentes indonesios llegados a Uruguay para jugar al fútbol durante cuatro años.


Los muchachos, satisfechos y bañados en sudor, se abalanzan sobre las cantimploras para hidratarse. Su nueva geografí­a, frente al Rí­o de la Plata, son las canchas de la Escuela Naval, donde se forman los oficiales de la Armada uruguaya.

Syamsiralam, delantero, tiene 15 años, y como sus 24 compañeros de equipo de entre 14 y 16 años, intenta adaptarse a la forma de vida de Uruguay.

«Si queremos triunfar, necesitamos trabajar», dice este chico alto, delgado, y de finos rasgos, que habla inglés bastante mejor que el resto, que apenas balbucean unas palabras en la lengua de Shakespeare. Pero todos entienden el universal lenguaje del balompié.

El equipo Indonesia Fútbol disputará este año el torneo local de quinta división, para luego pasar al de cuarta, tercera y segunda, hasta completar los cuatro años, tras un acuerdo alcanzado entre la Asociación de Fútbol de Indonesia (FAI, por sus siglas en inglés) y la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), por el cual ésta última recibirá 100 mil dólares anuales, dijo Payovich.

«Para ellos, esta es la oportunidad de sus vidas», afirmó Demis A. Djamaeddin, encargado de los equipos juveniles de la FAI, que llegó con los futbolistas el pasado 16 de enero y vendrá regularmente a visitarlos.

«Las ventajas de este programa son para ellos», señaló, y agregó que «si cualquier club del fútbol uruguayo decide contratar a alguno de ellos individualmente, pues ese es el principal objetivo para Indonesia».

Otra aspiración es prepararlos con miras a conformar la selección Sub-20 de su paí­s, con la ambiciosa meta de clasificar a los Juegos Olí­mpicos de Londres-2012.

El técnico uruguayo César Payovich permaneció 40 dí­as en el paí­s asiático seleccionando jugadores. Escogió a los 25 que viajaron a Uruguay y a otros 24, que permanecen entrenando en Indonesia.

«El déficit del fútbol indonesio en juveniles es la falta de competencia, y eso es lo que van a recibir aquí­», explicó.

«A veces no entendemos lo que nos pide César, pero lo intentamos», señaló Syamsiralam, que está «feliz de estar aquí­», aunque confiesa que «es difí­cil adaptarse».

No es para menos. La cultura de Indonesia, el paí­s musulmán más grande del mundo con 240 millones de habitantes, no tiene nada que ver con la de Uruguay, de apenas tres millones de almas que no profesan esa religión, aunque cuenta con una larga tradición futbolera y obtuvo las Copas del Mundo de 1930 y 1950.

Sin embargo, no dejan de cumplir con sus cinco rezos los viernes, cuando acuden a una mezquita en la embajada de Egipto, la única en Montevideo.

«Yo les digo que se tienen que adaptar a la forma de vida uruguaya», dijo Djamadeddin, que reconoció que para ellos fue «una sorpresa ver la forma en que se comportan los chicos uruguayos de su misma edad, que andan por ahí­ con sus novias, y se besan», algo impensable en su paí­s.

Pero «no me importa si se consiguen novias», agregó, aunque por el momento no tienen mucha oportunidad, pues no salen demasiado del Club Naval, donde se hospedan, en el lujoso barrio de Carrasco (sureste de Montevideo).

Para Payovich, «lo primero es lograr que se adapten y que extrañen lo menos posible», en tanto espera que logren incorporar una nueva alimentación.

Básicamente, en Uruguay se come carne bovina. Syamsiralam afirma que les encantan las «milanesas» (lo dice en español), que son bifes empanados.

Las proteí­nas de la carne son fundamentales para fomentar la masa muscular de estos jóvenes de sonrisa fácil.

El preparador fí­sico, Wilson Espina, indicó que algunos de ellos tienen «un í­ndice bajo de masa muscular», por lo que todos serán sometidos «a un testeo antropométrico» para evaluar bien las necesidades de cada uno.

Aparte del fútbol, estos chicos tendrán clases, primero que nada, de español. Asimismo, acudirán a un colegio local bilingí¼e con inglés para continuar con sus estudios, en tanto dentro de tres meses viajará un profesor indonesio para ponerlos al dí­a con los estudios de su paí­s, dijo Djamadeddin.