Transparencia y prioridad, es el problema


Para varios sectores el momento de hablar de impuestos nunca es oportuno, a menos que sea para bajarlos o eliminarlos.

Luis Arévalo Argueta
usacconsultapopular@gmail.com

Indudablemente, los impuestos tienen una variedad de funciones, pero su fin principal es ser el canal por medio del cual, el Estado se hace de recursos para cumplir con su función de redistribuidor del ingreso, a través de prestar servicios sociales a gran parte de la población, que en condiciones que el mercado moldea, no tiene opción de adquirir en la oferta del sector privado. Hay también una diversidad de formas de aplicarlos, según el momento que atraviesa la economí­a y el plan de paí­s que se tenga.

Por ejemplo: los impuestos están sujetos a la manipulación de las autoridades, dependiendo del ritmo que la actividad económica presente en determinado momento; es decir, si la economí­a presenta un crecimiento muy acelerado, y con eso se agregan problemas como la inflación, entonces lo sugerido serí­a un aumento de impuestos que reduzcan la cantidad de dinero que los agentes económicos tienen en su poder, para disminuir el consumo. Esto serí­a necesario para evitar problemas de largo plazo, como lo serí­a un ritmo inflacionario, que podrí­a salir del control de las autoridades.

También puede suceder lo contrario; es decir, cuando la economí­a se desacelera o pierde fuerza el crecimiento económico, pueden bajarse los impuestos para que los consumidores dispongan de mayor ingreso dedicado al consumo, y con eso, la actividad económica inicie un camino hacia la expansión.

Todo lo anterior a manera de ejemplo aislado, puesto que existe una variedad de instrumentos que forman parte de la polí­tica económica que se implemente, para alcanzar objetivos planteados.

Por aparte, existen dos tipos de impuestos: directos e indirectos.

Directos, son aquellos que gravan la renta de una persona, individual o jurí­dica, es decir, son ineludibles, no pueden ser trasladados a nadie más.

Indirectos, son los que pueden trasladarse al precio de consumo final, pues simplemente se aplican sobre el precio de bienes y servicios, por ejemplo, el impuesto al valor agregado, a los combustibles, al tabaco, entre otros. En este caso, el productor o comerciante, sirve de intermediario entre el Estado y el sujeto del impuesto.

Ahora, la situación que se plantea con el incremento de impuestos que pretende el gobierno, se da en condiciones de desaceleración económica. Y eso, de aprobarse la iniciativa, influirí­a negativamente en la economí­a, en el sentido que, podrí­a agravar el problema.

Ampliando el panorama, y tomando en cuenta que, el principal socio comercial de Guatemala, EE.UU., ya comienza un camino a la recuperación, entonces nuestra economí­a dependiente de aquella, seguramente iniciarí­a también esa ví­a. Al menos, esa es la expectativa. Por lo anterior, el incremento de impuestos estarí­a en un momento clave para suceder.

El problema en este caso, como siempre lo ha sido en Guatemala en las últimas décadas, es la transparencia, y sobre todo la prioridad con que los recursos se utilizan. Ese es el principal problema de este gobierno y no tanto la carga tributaria, que es a lo que muchos le dan la mayor relevancia.