Transparencia: el motor del desarrollo


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Los guatemaltecos comunes siempre nos preguntamos qué se necesita para que Guatemala cambie y, sobre todo, cuántos años deben pasar para que el nuestro sea un país diferente en el que todos los guatemaltecos tengan un justo chance de superación.

Pedro Pablo Marroquín Pérez
pmarroquin@lahora.com.gt


Y cuando uno se pone a pensar que para que nuestra gente no nazca con rasgos claros de desnutrición nos faltan muchos años; para que se eduquen y a partir de ahí tengan la mejor herramienta para batirse con la vida faltan décadas y no digamos el tiempo que tiene que transcurrir para que exista salud preventiva y de calidad para que no se muera la gente de cosas tan tontas, sobran la razones para que la sociedad se dé cuenta que puede ponerle tranca a esos años de rezago y empezar a ver hacia adelante si logramos que de ahora en adelante haya un marco claro y contundente que rija la transparencia.

Si nos ponemos a pensar, muchos de los problemas que hoy nos tienen sumidos en una crisis crónica que nos ha quitado años de desarrollo, pero por encima de todo vidas valiosas, responden a que en Guatemala una pequeña, pero poderosa parte de la población anda viendo cómo amasa fortuna rápida y sin mayor esfuerzo y encuentran en los negocios estatales una fuente fácil de financiamiento.

Y todo ello se ha traducido en lugares vergonzosos en donde muchos de nuestros niños vienen al mundo, lugares en donde viven miles de familias que causan llanto, escuelas cuya infraestructura es tan débil como la calidad de los cursos, carreteras de papel, hospitales desabastecidos y sin equipo, ríos sin dragar que son armas naturales y mortales en cada invierno, cárceles hacinadas y sin controles, etc.

Entonces es ahí donde la transparencia nos ofrece respuestas inmediatas: ¿Tendríamos un centro de salud deficiente si el contratista se fuera preso si hace un mamarracho de obra? La entidad que en 2010 no dragó el río por el que cobró, facilitando la pérdida de vidas humanas, ¿sus accionistas y representante estarían tan cómodos como lo están ahora?

¿El funcionario que use un fideicomiso para hacer pagos confidenciales, cree usted que dormiría tranquilo su supiera que la justicia tocará a su puerta con todo el ímpetu de las leyes? ¿Cuánto cree que se ahorraría el país sin las mordidas a funcionarios?

Nadie se opone a que el país tenga contratistas de primera, a los cuales haciendo bien las cosas se les pague el precio justo por la calidad de sus trabajos y que a partir de ahí se construyan fortunas importantes. Pero no podemos tolerar que se haga dinero a costa del dolor, del subdesarrollo y la muerte de las personas.

El país puede empezar a cambiar de inmediato con la aprobación de unas leyes en pro de la transparencia, pero leyes de verdad, no aquellas que pretenden dar dientes de gatos recién nacidos, cuando los rivales tiene los dientes más afilados que el rey depredador.

Insisto que si las queremos nos debemos mojar los pantalones. El tema es muy serio para dejarlo en manos de diputados y funcionarios que están deseosos de hacer negocio sin restricción alguna.

Hay que ir al Congreso, exigir audiencias, pedir explicaciones y provocar el cambio. Los diputados pasarán leyes que funcionen si y solo si, sienten la necesidad de acoplarse a un clamor popular.

El Presidente está ante un parte aguas de su periodo presidencial y de él depende cómo quiere ser recordado. Ningún logro se comparará al de la transparencia y él entiende que sin ella su país y su Presidencia, no tienen futuro.

Pero así como hay que ejercer presión al político, debemos hacernos presión a nosotros mismos, para mantenernos en la línea correcta, no cruzar la línea del mal y así como se debemos encarar a los políticos, lo mismo debemos hacer con todas aquellas personas que deseen seguirse beneficiando de todo tipo de impunidad. Al final, no nos engañemos, tenemos el país que de una u otra forma hemos construido.

Una vez más, la mesa está servida para materializar ese cambio del que tanto hablamos.