Transgénicos servidos en su mesa


La producción de alimentos con semillas transgénicas obedece a factores naturales, e intereses empresariales, según organizaciones sociales.

Sin saberlo, miles de familias guatemaltecas consumen alimentos producidos con semillas genéticamente alteradas, de las que se desconocen los orí­genes e impactos para la salud, el medio ambiente y la economí­a.

Javier Estrada Tobar
lahora@lahora.com.gt

No es un secreto que los alimentos transgénicos -genéticamente alterados- se importan, cultivan, comercializan y procesan en Guatemala, al punto que llegan a miles de hogares guatemaltecos para ser consumidos.

El vicepresidente Rafael Espada y Carlos Zúñiga, presidente de la Cámara del Agro, reconocen que los transgénicos se encuentran entre la producción agrí­cola nacional, de una forma irregular y sin control alguno de las autoridades.

Esto a pesar de la prohibición vigente, que no permite el uso de transgénicos, más que para la investigación cientí­fica en laboratorios autorizados por el Gobierno.

Una de las mayores preocupaciones sobre esta situación es el desconocimiento del impacto que significan los alimentos alterados genéticamente en la salud de las personas, así­ como en el medio ambiente y la economí­a.

Los estudios independientes sobre esta situación dejan ver que la proliferación de transgénicos es consecuente a la comercialización transfronteriza de semillas y la polinización de plantas por medios naturales -aunque no lo reconozcan las autoridades- además de los intereses empresariales sobre la ampliación de los mercados para «semillas mejoradas».

PRECAUCIí“N

Debido a que existe una amplia gama de transgénicos produciendo alimentos en el paí­s, no se puede determinar las consecuencias que estos cultivos tendrán para la sociedad hasta que se realizasen estudios certeros.

Rony Palacios, de la Red de la Seguridad Alimentaria, señala que esta situación debe ser investigada y detenida lo más pronto posible.

«El Gobierno debe aplicar el principio de «precaución», ya que si no se conocen las implicaciones de los transgénicos, estos deben ser prohibidos», refiere.

Organizaciones campesinas, miembros de la Red de Seguridad Alimentaria, sostienen que la principal causa de la proliferación de las semillas alteradas genéticamente son los planes expansionistas de empresas multinacionales.

Estudios internacionales revelan que el negocio mundial de los cultivos transgénicos se concentra en cinco empresas transnacionales, de las cuales una acapara el 90% por ciento de la producción.

Además de las semillas «mejoradas», las empresas se dedican a crear herbicidas y abonos especiales bajo marcas registradas, que les permiten contar con un control ajustado de todo un sistema de producción de alimentos, el cual objetan las organizaciones agrí­colas.

INVESTIGACIí“N


Zúñiga considera que el uso de la biotecnologí­a para producir más y mejores alimentos no se debe descartar, y acompaña la sugerencia de realizar investigaciones para conocer más acerca de los transgénicos y sus implicaciones.

«No se puede discutir que la ciencia y la tecnologí­a deben estar al servicio de las personas. Mientras más avancemos en el campo de la biotecnologí­a, más oportunidades tendremos para solventar los problemas urgentes en la alimentación», aseguró el presidente de la Cámara del Agro, durante una reciente conferencia sobre transgénicos.

Zúñiga insiste en que se debe crear un marco normativo para regular el uso de transgénicos, de los que se posea la información completa, y restringir los que generen impactos negativos en la salud, medio ambiente o la economí­a.

El Vicepresidente asegura que en un mediano plazo se tiene previsto desarrollar un Programa de Investigación en Biotecnologí­a que permita conocer a profundidad los transgénicos.

En el largo plazo se deberí­a conformar un instituto regional de biotecnologí­a, para «los propios centroamericanos nos ocupemos de nuestros alimentos mejorados, y no precisamente la dejemos en manos de transnacionales».