Trágica in-comunicación: hablar, pero no conversar


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Quisiera olvidar lo que sucedió en la carretera Interamericana el jueves 4 de octubre, pero no debo. Me duele la muerte violenta de cualquier guatemalteco, pero más cuando es producto de una serie de desencuentros, situaciones que pudieron haberse solucionado usando palabras sensatas. ¡Simplemente conversando! Estoy seguro que ese día se habló mucho, pero poco se escuchó al otro. No hubo diálogo, no hubo conversación. Y entonces apareció la muerte. En Guatemala nunca aprendimos a conversar. Estamos incomunicados.

Ramiro Mac Donald


En 1998, Fernando Savater, pensador español irreverente, escribió un artículo en El País Semanal, que guardé en el cajón de mis tesoros y hoy lo comparto, a la luz de los trágicos acontecimientos de aquella infeliz tarde. “Hablamos, pero no conversamos”, señala Savater y agrega: “disputamos, pero rara vez discutimos. La conversación no consiste en formular peticiones o súplicas, ni en ladrarse órdenes o amenazas, ni siquiera en susurrar halagos o promesas de amor”.

“El arte de la conversación -continúa Savater- es el estadio más sofisticado, más civilizado, de la comunicación por medio de la palabra. Un arte hecho inteligencia, de humor, de buenos argumentos, de anécdotas e historias apropiadas, de atención a lo que dice el vecino, de respeto crítico, de cortesía”.

Nuestra trágica historia de 36 años de enfrentamiento armado, producto de la Guerra Fría,  ha vuelto a resurgir estos días, como protagónico fantasma desde aquella tarde del 4 de octubre, pues los sectores que participaron en la contienda armada, se han vuelto a polarizar alrededor de la idea encontrar a los culpables de las muertes en la carretera Interamericana. La incapacidad de sentarse a dialogar con serenidad, se ha puesto de manifiesto, una vez más.

 A veces pareciera que los simpatizantes de ambos sectores en pugna se quedaron “hablando solitos”, repitiendo el mismo discurso de buscar culpables en el otro bando, en lugar de exhortar nuevamente a dialogar. Siguen hablando y hablando, pero no hallan puntos de acuerdo. Solo salen a relucir marcadas diferencias y distintos puntos de vista; los temas que nos separan, en lugar de unirnos como sociedad. Escucho horrorizado, cómo sectores recalcitrantes de la derecha o aquellos identificados con la ultra izquierda, han alzado su voz en las radios, para echar más leña al fuego con actitudes poco maduras, elevando el tono de la discusión y me da mucha pena que estos extremistas vuelvan a unirse, en una guerra verbal que no termina haciéndonos nada bien como país. Todo lo contrario. Nos demuestra, nada más, que estamos fragmentados. Divididos. Incomunicados. Y la guerra continúa, ahora en el plano ideológico para ganar otras batallas. No buscan justicia, paz ni desarrollo para todos.

Si bien la oralidad es el mecanismo que permite, fundamentalmente, las relaciones sociales entre los pueblos, este “encuentro” de los representantes de 48 cantones de Totonicapán con el Estado de Guatemala, se vio forzado porque nos los ha escuchado durante años. Y esta situación de in-comunicación, se generó en un marco de relaciones totalmente asimétricas. El dialogo en esas condiciones tan disímiles, tenía pocas posibilidades de terminar en la solución inmediata de los conflictos planteados, todos lo sabíamos…pero nadie quería que concluyera la tarde con ocho compatriotas muertos. Siempre la peor parte se la llevan los más débiles…y el reclamo generalizado es ahora: ¿Se van a sentar a dialogar, pero escuchando al otro, sabiendo que tendrán encima los ojos de la comunidad internacional y de toda Guatemala? Más discusión, sí; pero menos disputas, por favor.

Que este doloroso suceso no vuelva a repetirse nunca más.  Instamos a los sectores involucrados, que no exciten más el fuego ideológico. Y, de los politiqueos, que saquen sus manos de esta tragedia de in-comunicación. No “ladrarse” órdenes ni amenazas, solicita Savater. Tal vez así logremos comunicarnos entre hermanos.