Tragedia e impunidad, los banqueros que quiebran (I)


En fechas muy recientes los cuentahabientes, ahorrantes y depositantes del sistema bancario internacional y nacional, se enteraron con incredulidad que ciertos bancos, los dueños y directivos de los mismos, en quienes confiaron, no eran las personas que se estimaba, a pesar de su aparente honradez y responsabilidad, en el manejo de la confianza y de los recursos que de buena fe les entregaron para su administración e inversión.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

En Estados Unidos se ha producido, en los dos últimos años, la quiebra y el cierre de entidades bancarias, de administradores de fondos de pensión, de corredores de bolsa, que por su imprudencia y peor aún por su mala fe, han hecho obligatorio que el gobierno del paí­s más poderoso tenga que, a través de la Reserva Federal, recurrir a invertir miles de millones de dólares para sostener el sistema. Incluso, el gobierno federal ha aumentado la garantí­a o seguro de las cuentas individuales, mancomunadas o empresariales a US$250 mil por cuenta o depósito para así­Â  evitar corridas bancarias que por desconfianza de los depositantes llevarí­an a una crisis y a una quiebra a muchos más bancos. El mundo se ha enterado de los juicios y de las condenas a prisión de por vida de quienes aprovechándose de la confianza, de su reputación, estafaron a numerosas personas.

 

En Guatemala, César Garcí­a, ex presidente de la Asociación de Banqueros, analista y columnista en Prensa Libre, dice: «Es una tragedia y un sí­mbolo de impunidad lo que ha acontecido con el Banco del Café».  Al respecto, hay que señalar que los términos que él utiliza no se le deben aplicar exclusivamente a esa única entidad bancaria, sino que el término debe aplicársele también al Banco Empresarial, a los bancos Promotor y Metropolitano, de Nororiente, de Comercio y a varias financieras como el Grupo Pro, S.A.

 

Curiosa e inexplicablemente, en nuestro paí­s son muy pocos los que como César Garcí­a se refieren a estos temas y es que a diferencia de los paí­ses desarrollados, en Guatemala quienes han utilizado el sistema bancario para enriquecerse son normalmente miembros de las elites de nuestra sociedad, relacionados o emparentados con la cúpula económica, CACIF, las cámaras y asociaciones empresariales.

 

La quiebra de un banco no se produce de la noche a la mañana, son muchas las señales que anuncian que va a producirse la misma. Durante el gobierno que presidió el Partido de Avanzada Nacional, como se puede comprobar en las actas de la Junta Monetaria y en las evidencias que constan en sus registros administrativos y contables, eran varios los bancos que se acercaban a una quiebra, tales como Banco Empresarial, Banco Promotor y Metropolitano, Banco del Ejército y Banco del Nororiente, a quienes se les dio en los años de 1998 y 1999 numerosos adelantos, evadiéndose por la Junta Monetaria y por el Gobierno el enfrentar y resolver el problema.

 

Cuántos cientos de millones de quetzales, cuántos dolores de cabeza, cuántos problemas polí­ticos e incluso cuántos clientes, cuentahabientes y familias guatemaltecas se vieran visto menos afectadas si en 1998 o en 1999 se hubiera afrontado el problema y como consecuencia de esa decisión económica y en parte polí­tica, se hubiera procedido a intervenir los bancos mencionados en esos años. Pero no, fue más fácil ignorar, mirar para otro lado, esconder la cabeza como el avestruz, zambullirse debajo del tumbo y permitir la tragedia e impunidad que señala y reclama César Garcí­a. Al proceder así­, le pasaron el problema al siguiente gobierno que desde un principio se encontró entre la espada y la pared.

 

Continúa…