¡Trágame, tierra!


Vista del área donde tres empresas trabajan para rellenar el hoyo formado por un hundimiento en el Barrio San Antonio de la zona 6, el 22 de febrero de 2008. Hace un año, debido a fallas en un colector que ocasionó la acumulación de agua, un gigantesco agujero se abrió en este sector de la zona 6, tragando varias casas y ocasionando la muerte de tres personas, un padre y sus dos hijos. Según autoridades, aproximadamente el 60%  del hoyo ha sido rellenado con una sustancia llamada Lodocreto, y se espera que a principios de abril los trabajos finalicen. Foto/Carlos Duarte.


Una bandera de Guatemala rota ondea en una de las casas cercanas al hundimiento del Barrio San Antonio. Foto/Carlos Duarte.Giovanni Revolorio de 27 años y su hija Marí­a José de 3 revisan su casa, la cual se encuentra a 5 metros del hundimiento. Foto/Carlos Duarte.Un camión descarga lodocreto en uno de los depósito para rellenar el hundimiento. Foto/Carlos Duarte.Marí­a Cristina Revolorio muestra uno de los recibos de la Empresa Municipal de Agua (Empagua) con exceso de cobro por más de 6 mil quetzales. Ella alega que lo recibió pese a tener más de un año de no vivir en su casa, ubicada a 5 metros del hundimiento. La familia Revolorio relató que después de un año no han recibido ningún tipo de ayuda o resarcimiento de parte de las autoridades e instituciones municipales, y que han tenido que vivir con familiares en lugares como la Atlántida, zona 18 y El Milagro en la zona 6 de Mixco. Foto/Carlos Duarte.

Unos dí­as atrás, Guatemala se habí­a puesto en los ojos del mundo porque en nuestras tierras se habí­a cometido un asesinato contra tres diputados salvadoreños, y pocos dí­as después, los policí­as capturados como sospechosos del hecho, también fueron ultimados dentro de una cárcel de seguridad. La vergí¼enza nacional era insoportable, y como que al uní­sono todos los guatemaltecos hubieran gritado: «Tráganos, tierra», de pronto se abrieron las fauces del infierno en el Barrio San Antonio, zona 6, y nuestra imagen internacional se hundió más. Carlos Duarte / La Hora