Trafico descomunal


Impacta tanto a la población que hasta a la gente menuda causa demasiada impresión el tráfico descomunal que campea a cualquier hora. Así­ sea durante el curso del dí­a como de la noche. Sin embargo, a manera de mecanismo de defensa en la medida de las posibilidades ponen en práctica algunas estrategias.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

Con tal de sortear la tremenda problemática que afecta a todos por parejo hacen cuanto pueden a fin de esquivar esta situación irregular. Generadora de molestias a usuarios del transporte público, igualmente a grupos peatonales inmersos en la jungla citadina, no digamos a residentes de la urbe chapina contrastante.

Provoca un mayor consumo de combustibles fósiles, sin registrar bajas en los precios estacionados por lo visto a miles de automovilistas. Ante satanizadas atrancazones las personas son presa de tensiones a granel, capaces de predisponerlas a la violencia, de suyo adueñada del entorno que llegó a quedarse.

Sirve de referente a quien observa a conciencia el comportamiento personal propio con precisión justa, del orden de errores en posibilidad de mejorar. Y mucho más las actitudes paranoicas de los demás, dispuestos a coadyuvar en la lí­nea de accidentes mediante su cuota fácil de detectar, con saldos lamentables.

Así­ sean consistentes en las cuantiosas pérdidas de vidas humanas en cada vericueto de la ruta complicada, cuando no de naturaleza material. Las cosas adquieren papel fuera de lo normal en las horas pico. Además, desorden, abusos aquí­ y allá; ánimos exaltados en el curso del horario nocturno una brasa candente.

Cuando de viajar en automóvil o en autobuses extraurbanos con destino a cualquier lugar del interior del paí­s las cosas son auténticas empresas de romanos. Tocante al caer de la tarde o en plena noche, ello representa adoptar suma paciencia franciscana, también asumir un protagonismo de un perfecto patán.

A tí­tulo de urgencia y necesidad si usted viaja en compañí­a de los suyos en automóvil propio, esto representa visos de verdadera odisea, gracias al congestionamiento vial. Un poco más de dos horas son hechas de la ciudad capital a la ciudad de Escuintla, aunque no se quiera creer por desconfiados.

Ejemplos diversos resultan interminables a resultas de los embotellamientos ya cosa corriente y común. A cualquier punto cardinal que se dirija el viajero trotamundos, la enredada situación vial por muchos, incontables vehí­culos automotores lo hace proferir denuestos y exabruptos en una retahí­la seria.

Tal problemática en mención deriva en marcado perjuicio de los automóviles conformantes del desaforado parque vehicular existente y en crecimiento. Nada menos el efecto dañino se refleja en el recalentamiento del motor, además de otros desperfectos que orillan a los consiguientes gastos imprevistos.

Sale a relucir con toda fuerza la urgencia impostergable de un ordenamiento del tráfico vehicular, por cuanto la reingenierí­a es un sueño inalcanzable. Medidas tomadas por la Municipalidad en cuanto a pasos a desnivel, calzadas y restantes ví­as alternas no resuelven el descomunal problema de marras.

Sin ir tan lejos la misma ciudad capital y sus barullos cotidianos, tónica patente está colocada en la cabeza respecto al congestionamiento evidente. De esa cuenta también el interior muestra el desarrollo que genera a lo grande problemas similares, merecedores de tratamiento especí­fico a corto plazo, para beneficio colectivo.