Guatemala es un país del tercer mundo. Entra en esta categoría por la razón de que es de los países que no participaron directamente en la Segunda Guerra Mundial. En esta columna se ha explicado con anterioridad qué significa la relación que hicieron los vencedores en la guerra con respecto al primero, segundo y tercer mundos.
Pero tomando a Guatemala como un país tercermundista, dentro de la concepción que popularmente se le ha dado, Guatemala es un país lleno de tradiciones y folclor como casi cualquier otro país latinoamericano.
Guatemala, como país americano, conquistado mayormente por españoles y por la iglesia católico-romana, en términos de tradiciones tomó derroteros diferentes a los países europeos, asiáticos, africanos, etc., debido al choque cultural y al sincretismo que resultó de las dos civilizaciones: La conquistadora y la conquistada. De allí Maximón y una serie de «santos» e iconos representativos de ese y otros sincretismos que se han dado conforme a los diferentes dioses de las religiones vernáculas e importadas, como el cristianismo, el judaísmo, los mahometanos, etc.
Sin embargo, con el paso del tiempo, la apertura hacia una visión más clara del cristianismo, lo cual es la corriente más encauzada en Guatemala, muchas tradiciones se han ido perdiendo desde que fueron inventadas a raíz de los inicios del sincretismo de la conquista y de la colonia.
En este momento de la historia de la Tierra y de los humanos que en ella vivimos, cuando ya los ambientalistas dejamos de ser «eco-histéricos» y la comunidad mundial aceptó lo que nosotros durante varios años anunciamos y pronosticamos: El irreversible calentamiento global; es momento de parar tradiciones como la Quema del Diablo el siete de diciembre y la quema de pólvora durante las festividades religiosas, especialmente la famosa cohetería navideña.
Cada cohete, cada bomba, cada canchinflín y cada juego pirotécnico que es quemado al aire libre o en recintos cerrados, es material contaminante que se despide hacia la, ya de por sí, contaminada atmósfera. Habría que hacer el recuento de contaminación integral a nivel de la República de Guatemala.
Definitivamente es momento de parar esta cuantiosa e innecesaria contaminación ambiental que le pone una enorme carga adicional al planeta y al propio medio ambiente guatemalteco, adicionalmente a la cantidad de personas que pierden el uso de una mano, de una pierna y de problemas de salud más serios, incluyendo la muerte.
Guatemala es un país que está en peligro de una recesión económica. La salud económica de Guatemala está en estado de precariedad. ¿Cómo, entonces, es posible que los guatemaltecos se gasten, a ojos cerrados, cualquier cantidad de millones de quetzales en cohetillos y otros juegos pirotécnicos, sin otra utilidad que meterles fuego? ¿Estarán locos los guatemaltecos?
La traducción bíblica de Reina Valera dice: «Y respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo con los labios me honra, mas su corazón está lejos está de mí.
Y en vano me honra, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.
Porque dejando el mandamiento de Dios, tenéis la tradición de los hombres; las lavaduras de los jarros y de los vasos de beber: y hacéis otras muchas cosas semejantes.
Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición.» Marcos 7: 6, 7, 8 y 9. -Gracias por facilitar el texto, Miriam-