Los pueblos se aferran a sus tradiciones, aun cuando estos no muestran ninguna misericordia contra el medio ambiente, la salud y la vida en una tierra que Dios nos dio para que la cuidásemos. Lamentablemente, las tradiciones permanecen tan sagradas y parecieran tan a favor de eliminar al diablo de la faz de la tierra, pero todo lo contrario, le dan el poder de arrasar bosques, quemar casas, quemar niños vivos que van a parar al hospital, dañar la economía de los hogares y esto más en tiempos de crisis. Todo esto en alusión a las noticias del pasado 8 de diciembre, después de que muchos se han embriagado mofándose de un supuesto diablo quemado y derrotado, cuando todo lo contrario, un diablo victorioso viendo su victoria a través de la prensa mofándose de haber causado lo siguiente: varias casas quemadas, niños con quemaduras de primero a tercer grado hospitalizados, vehículos quemados, muchos pulmones dañados con humo negro, bosques quemados y nuestro ambiente contaminado por miles y miles de diablillos que hicieron de las suyas causando mini infiernos. Se mofa también de haber quemado millones de quetzales (en piñatas) de familias que dicen estar en crisis económica o de una nación que dice estar en crisis económica pero que no importando la crisis, la tradición es más importante. Diablo, diablo, diablo, que en tu trono rodeado de llamas disfrutas mientras las tradiciones vanas queman y destruyen la tierra, la naturaleza y a los hombres que en ella están.