La Hora ofrece hoy a sus lectores el Suplemento Navideño que prepara nuestro dilecto y querido colaborador Celso Lara y que a diferencia de todos los suplementos que se hacen para la Navidad, no tiene la finalidad de publicar ofertas comerciales sino que está orientado a divulgar la raíz de nuestras tradiciones a fin de que las podamos preservar.
Es sumamente difícil lograr la participación de historiadores y compiladores como lo hace año con año Celso, quien además realiza su propio trabajo para dar a conocer costumbres ancestrales de los guatemaltecos al celebrar el Nacimiento de Jesús. La mayoría de esas tradiciones empezaron a vivirse justamente cuando se produjo la evangelización de esta parte del mundo, obra que en muchos casos fue realizada a sangre y fuego, lo que dio lugar a una rica mezcla de expresiones religiosas que combinaron las enseñanzas de ese evangelio que trajeron los españoles, con las más antiguas y arraigadas prácticas de la cosmovisión de nuestros pueblos indígenas. De hecho, la Navidad guatemalteca se ve enriquecida por esa integración que no puede pasarse por alto en el análisis y estudio de las actitudes religiosas de nuestro pueblo.
En el marco del consumismo que se apodera de estas fechas y que las termina desnaturalizando al punto de que para muchos niños la figura central de la Navidad es el Santa Claus y no el Niño Dios, es indudable que muchas de nuestras tradiciones se encuentran en verdadero riesgo porque chocan con esa modernidad que todo lo centra en los regalos y las tradiciones importadas que van más allá del viejito barbudo y bonachón para terminar en un arbolito artificialmente nevado, la cena del pavo y «egg nog» que desplaza a los tamales y el ponche, y la parranda salpicada de buenos tragos para esperar las doce a fin no de rezar al pie del pesebre, sino para quemar los modernos artefactos pirotécnicos.
Y por ello es que consideramos importante hacer este aporte porque tememos que pueda ser como la recopilación de lo que fueron antaño las navidades chapinas en las que el nacimiento era el punto central y no el árbol; navidades en las que más que los regalos se buscaba compartir en absoluta paz espiritual que unía a las familias y a los amigos; navidades con olor a manzanilla y el aserrín que da colorido al nacimiento lleno de pastorcillos vistiendo nuestros trajes típicos.
Por ello es que anualmente Celso nos regala este trabajo de recopilación que tiene la finalidad de preservar para la posteridad lo que ha sido la navidad chapina y nosotros, como los lectores de La Hora, le agradecemos el esfuerzo y el trabajo que nos permite enviar a nuestros amigos una muy especial tarjeta navideña para desearles a todos muy felices fiestas.