Totalitarismo invertido


¿Qué se entiende por Totalitarismo Invertido? A diferencia del totalitarismo clásico, el Totalitarismo Invertido no nace de una revolución, entendida como un cambio de estructuras violento, ni de una ruptura del sistema democrático sino de su evolución dirigida, dirigida por las elites económico-polí­ticas, aquellas de inspiración empresarial. El objetivo principal de este grupo no es la conquista del poder a través de la movilización de las masas sino (véase bien) la desmovilización de éstas (las masas) desde el poder, hasta devolverlas al estado infantil, del que ya el vizconde de Tocqueville lo habí­a advertido en 1835, en su obra La Democracia Americana, señalando que era uno de los peligros de la democracia. Lo que se busca es crear de este modo un sistema polí­tico en el que, el preponderante papel de la ciudadaní­a, se vaya difuminando hasta quedar estrictamente reducido al ejercicio del voto el dí­a de las elecciones. ¿Maquiavélico, no es cierto?

Ramiro Mac Donald

Democracia, S.A. Democracia dirigida y el fantasma del totalitarismo invertido, del escritor y profesor emérito de Princeton, Nueva Jersey (EE.UU.) Sheldon S. Wolin, es el tí­tulo de un polémico libro, que recién salió al mercado en su traducción al español, y que fuera comentado recientemente en el diario español El Paí­s, de donde obtengo los principales conceptos, para compartirlos con usted, estimado lector.

La neutralización de la ciudadaní­a activa, esa que exige, que pelea sus derechos, esa técnica de neutralizarla será la base de una nueva forma de democracia, la democracia dirigida, afirma Wolin. Y esa democracia es la que Estados Unidos pretende exportar al mundo. Los grandes empresarios pretenden imponer una democracia sin ciudadanos, para que éstos, atemorizados y desocializados, se alejen de la polí­tica, olviden actuar en esta área y finalmente dejen las manos libres a los gobernantes. Así­, quienes ejercen el poder, puedan imponer la agenda de las grandes corporaciones, que son las que finalmente determinan la polí­tica a nivel mundial.

Para Wolin, el Totalitarismo Invertido, que impulsan y promueven las grandes empresas transnacionales, dueñas del mundo, es una forma perfeccionada del arte de moldear el apoyo de los ciudadanos sin dejarles gobernar, pero que se logra una ciudadaní­a apática, sin deseos de participar en nada y, esta actitud, sobra decir que es en beneficio de una polí­tica dirigida más eficiente y racionalizada, de parte de estas elites.

El plan me parece monstruoso, pero está siendo desarrollado desde hace muchos años por los principales centros de poder hegemónicos, desde que Estados Unidos perdió amargamente la guerra de Vietnam, y durante el recientemente finalizado perí­odo de George W. Bush logró su máxima expresión polí­tica. Afortunadamente ha entrado en un declive, gracias al recambio de gobierno por la toma del poder de los demócratas que han oficializado un cambio drástico de casi 180 grados en la polí­tica de su antecesor. Falta por ver que sea cierto y que Obama tenga la capacidad mental para impulsar, por bien de la humanidad.

Esta idea del Totalitarismo Invertido, tiene una envoltura: la alianza entre las elites republicanas, las grandes corporaciones y el evangelismo religioso, extremista de derecha. Y buscaba el doble objetivo de volver a dominar el mundo y construir una mayorí­a al interior de los EE.UU., en forma permanente, sobre la base de una ciudadaní­a despolitizada. Porque Wolin cree que «es que esta es la unión consumada del poder corporativo y el poder gubernamental, lo que permite anunciar la versión estadounidense de un sistema total».

¿Y cómo lograrlo? con un Superpoder que pueda decidir a su antojo, sin tomar en cuenta a la opinión ciudadana. Lo extraño es la pareja que lo conforma: por un lado, fuerzas arcaicas reaccionarias, regresivas (económicas, religiosas y polí­ticas); y por el otro: fuerzas progresistas de cambio radical (lí­deres empresariales, innovadores tecnológicos y cientí­ficos) y cuyos esfuerzos contribuyen a distanciar paulatinamente a la sociedad contemporánea de su pasado.

Hay mucho más que hablar de este tema… pero me pareció interesante, plantearlo como algo de lo que se habla poco en nuestro ambiente polí­tico.