Todos somos Emmanuel


Tan pronto como Emmanuel ingresó al lugar donde lo esperaba su madre y toda su familia, le dijeron: «Saluda a tu mamá» y él de inmediato se dirigió a Clara y le dijo: «mamá». Luego le preguntamos quién era su abuelita y se dirigió a doña Clara González. Ella le dio un enorme abrazo y beso y no pudo contener las lágrimas de la felicidad que la albergó.

Mario Cordero
mcordero@lahora.com.gt

Pese a que diariamente reportamos noticias de asesinatos en La Hora, no he perdido la capacidad de compadecerme por las ví­ctimas de la violencia; a pesar de que vivimos en un paí­s donde la justicia no prospera no me he vuelto inmune contra la impunidad.

Y digo esto porque, a pesar del aparente «show mediático» que dicen montó Hugo Chávez en la liberación de rehenes colombianos, me conmovió el reencuentro de la ex vicepresidenciables Clara Rojas y su hijo Emmanuel.

La sensibilidad me llegó hasta el borde, y no podí­a comprender cómo Clara Rojas podí­a abrazar con tanto amor, cuando hubiera sido comprensible la actitud de no querer ni siquiera ver a ese hijo que fue producto de una violación, que fue fruto de un largo cautiverio.

Imagí­nense, ¿qué grado de frustración llegará a tener Emmanuel cuando tome conciencia de la verdad de su nacimiento? ¿Odiará al padre? ¿Llegará a tener confianza con su madre? Y Clara Rojas, ¿llegará a amar, de verdad, a su hijo, incluso cuando le simbolice la violación y el secuestro?

Y me pongo a pensar por qué Emmanuel y Clara Rojas me atraen tanto la atención. Y es que ese compartir de sentimientos pudiera estar provocado por la identificación de mí­ (y de la sociedad guatemalteca) con el pequeño niño.

Nosotros también somos el producto de una guerra. Probablemente, las personas que la vivieron no lo piensen así­, que todaví­a se supongan como actores, pero debe recordarse que la mayorí­a de la población guatemalteca no.

Igual que Emmanuel, somos los hijos de la violencia, de la violación. También somos fruto de la ineptitud polí­tica. Aún ahora el presidente de Colombia, ílvaro Uribe, continúa reacio a mantener su postura de no negociación con las FARC. Mientras que Hugo Chávez, mandatario venezolano, está en favor de liberar a todos, tal como dijo en su visita a Guatemala.

Aunque Chávez provoque simpatí­as y rechazos, no se debe dudar de que tiene razón en asegurar que lo más importante es la persona, y lejos de torpes posturas polí­ticas, se debe favorecer al ser humano.

Guatemala, como Emmanuel, vive desconociendo su pasado, sus orí­genes. No sabe quién es su padre, pero sólo sabe que su nacimiento fue a través de la violencia. De la misma forma, se formará (Emmanuel y Guatemala) con cierto odio y rencor, incapaz de comprender, por qué su crecimiento fue anómalo, con cambios de nombre, con confusiones, y producto de las mentiras de los violentos.

¿Alguien sabe cómo se sentirá Emmanuel cuando conozca la verdad? ¿Sabe alguien por qué los guatemaltecos no conocemos aún todos los horrores de la guerra y sus responsables? Todos, como yo, somos Emmanuel.