Todo un circo


DESDE LA REDACCIí“N

Una vez más nos vemos sumergidos en un sistema cuyas directrices las van dictando intereses que dejan de sorprendernos, y que, claro está, son ajenos a los beneficios de la colectividad social. Los máximos representantes de la educación superior, y por ende, la cuna de la formación de principios de servicio público transparente nos dejaron con la boca abierta, su falta de voluntad para acceder a un método de selección de presidentes para las comisiones de postulación deja en evidencia que las conformación del aparato de justicia guatemalteco es nada menos que un campo polí­tico donde sus jugadores patean la pelota siempre a su sabor y antojo.


El veredicto de los rectores en las postuladoras era casi predecible, por eso movieron las cartas necesarias para presentar un recurso cuya resolución vio la luz de una forma inédita. No se tiene una memoria fresca de cuándo los magistrados de la CC habí­an resuelto de forma tan breve -en un marco de 24 horas, a lo sumo-, beneficiando a los encargados de depurar los listados de aspirantes a las magistraturas de las Cortes. Entonces, ¿dónde quedó el esfuerzo por aprobar una Ley de Comisiones de Postulación, incluso, como una forma de limpiar la imagen en tiempos cuando el escándalo del video estaba a flor de piel? ¿Acaso ya sabí­an la forma de dejar sin dientes la normativa y por eso se habí­a apoyado en el Hemiciclo la iniciativa de la diputada Nineth Montenegro para transparentar la próxima conformación de los profesionales en derecho que tendrán a su bien dirigir el Organismo Judicial durante el próximo perí­odo? Las dudas surgen de inmediato, aún más cuando comienza a oler mal el método de elección.

Más allá de los intereses -evidentemente- polí­ticos y del rechazo ciudadano a la actitud de los rectores, ¿qué se puede explicar de esta anécdota? Que nuestro paí­s posee una democracia sin ánimos de crecer y solidificarse y que los grandes jugadores de la polí­tica hacer lo que les da la gana. Pero hay que ver que cuando una democracia no tiene lo necesario para defenderse por sí­ sola, limpia y depurada de los agentes corruptos de toda la vida, es probable que pueda soportar situaciones como las sucedidas en el paí­s vecino, cuyo sistema se ha visto fracturado utilizando viejos métodos para derrocar gobiernos.

No hace falta ser un docto en la disciplina de las leyes para saber que habí­a algo que andaba mal en cómo se estaban haciendo las cosas el pasado jueves en uno de los salones del Congreso de la República, en donde se dieron cita once rectores de las universidades del paí­s. Solo bastó ver que seis de ellos prefirieron no ensuciarse las manos y se inhibieron del método utilizado para designar las presidencias de las postuladoras.

Cierto es que veremos sin sorpresa a los profesionales que releven un ya de por sí­ cuestionado Organismo Judicial, que dejará un legado de mala reputación y una incapacidad por fortalecer la administración de justicia nacional. Todo esto se oye feo, pero es lo que tenemos. Lamentablemente.

En el periódico español El Paí­s publicó hace pocos dí­as un artí­culo el ex guerrillero salvadoreño Joaquí­n Villalobos titulado «De nuevo las repúblicas bananeras», a propósito de la crisis polí­tica que viven los vecinos hondureños, donde pintaba a la región como «la más frágil de Latinoamérica; en ella conviven Guatemala, que fue la dictadura más sanguinaria, El Salvador, el paí­s más violento, dos de los tres más pobres, Honduras y Nicaragua, y, paradójicamente, la más estable de las democracias, Costa Rica», de eso vale la pena tomar la idea de la debilidad de nuestras instituciones y el pan para nuestro matate, se puede tomar lo siguiente: «La región necesita un plan de despolarización ideológica y otro de defensa integrada de su seguridad». Como guatemaltecos, y dada la reciente anécdota para la elección de las Cortes, vale la pena preguntarnos, ¿saldremos alguna vez de este circo?

Por Eswin Quiñónez

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