Sigo pensando en que al paso que vamos jamás vamos a salir del atolladero. No es que vea de manera pesimista el futuro de Guatemala, sino que los abusos de poder, los desfalcos, los faltantes, los negocios gubernamentales o el mal uso de los fondos públicos siguen viento en popa y, si no es porque el doctor Carlos Castresana está en Guatemala metiendo breque a cuanta cosa le sea posible para cumplir con la misión encomendada para combatir la corrupción, delincuencia y la impunidad, hace rato estuviéramos en el fondo del despeñadero. En otras palabras, hace falta mucho para salvar al país. El mejor ejemplo está en el mal comportamiento del recién nombrado presidente del Organismo Judicial, uno de los llamados magistrados «depurados». Esto nos hace preguntar: ¿Cómo irán a portarse aquellos que no pasaron con el santo y seña de la CICIG?
No hay ciudadano consciente, honesto y de principios que no haya podido cerrar la boca todavía ante el desparpajo de sus declaraciones, después que fuera seriamente señalado por haberse ido de viaje al Brasil a una reunión que no tenía por qué haber ido; de haberse llevado a una innecesaria acompañante; de haberse tomado con absoluto libertinaje varios días más, dizque para descansar y que a la postre, según las declaraciones de nuestro flamante Contralor General de Cuentas, todo vaya a terminar en que se le pedirá que devuelva el dinero que se gastó de más o innecesariamente. Vean qué caso. ¿Es que no merece un serio castigo para sentar precedente, además de servir de ejemplo, advertencia y enseñanza?, ¿qué imagen se está proyectando a la ciudadanía, al resto de empleados públicos y a las juventudes?, ¿no se está enviando un mal mensaje al resto del mundo por no tener la menor intención de corregirnos? o ¿Vamos a seguir consintiendo que sigan haciendo lo que les ronca la gana porque todo se arregla (si es que se dan cuenta) con devolver el pisto?, ¿qué podremos esperar de esta clase de magistrados a la hora de dictar sentencia o tomar serias decisiones?
Los ciudadanos tenemos rato de insistir en la necesidad de tomar medidas para impedirle a la casta política, como a la partida de aprovechados y descarados politiqueros que se han ido encumbrando a través del tiempo para ponerles un ¡hasta aquí! Fuera revocándoles sus mandatos, legislando cuanta medida sea necesaria para impedir que se sigan burlando de la ley, para que cumplan con la más elemental ética y que en el desarrollo de sus funciones, obligaciones y atribuciones demuestren aptitud, capacidad, experiencia y conocimientos. ¿Después de leer, ver y escuchar al Presidente poder judicial, alguien podrá estar satisfecho con sus respuestas y comportamiento?, ¿no perdió de entrada toda confiabilidad y confianza? Si es que vivimos en un régimen democrático, ¿cuándo el pueblo ejercerá su soberanía?