Los Gigantes y los Rangers sorprendieron al llegar a la Serie Mundial, porque nadie los daba como favoritos al inicio de la temporada, ni tampoco en el inicio de los playoffs. Sin embargo, con méritos propios, sobre todo buen pitcheo, destronaron a los favoritos Yankees y Phillies.
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Los Rangers, equipo con medio siglo de vida, jamás había alcanzado la Serie Mundial y, por supuesto, jamás ha sido campeón de las Mayores. Los Gigantes, por su parte, sí han saboreado la gloria, pero desde que emigraron a San Francisco (1954), no han ganado, por lo que su afición no sabe qué es ganar.
CLAVES
Tanto Rangers como Gigantes lograron superar a sus rivales con buen pitcheo. Sin embargo, ello no significa que Yankees y Filis no tuvieran buenos lanzadores. De hecho, el conjunto neoyorquino presentaba sólidos lanzadores, como Sabathia y Mariano Rivera, mientras que los de Filadelfia habían deslumbrado en la serie contra Cincinnati.
Es decir, hasta donde su pudo (a pesar de la debacle Yankee), las finales de liga fueron duros enfrentamientos de pitcheo. Gigantes y Rangers presentaron un mejor pitcheo, pero éste no sería la clave final.
En cuanto a astros en la lomita, tanto Cliff Lee (Texas) y Tim Lincecum (San Francisco), son dos de los lanzadores más dominantes de los últimos años en las Mayores. El resto del roster de pitcheo abridor también garantiza buenos enfrentamientos. La ventaja será para los Rangers en su cuerpo de relevistas, ya que los Gigantes no tienen mucho futuro en este ámbito.
La clave de Texas, sobre todo en su enfrentamiento contra los Yankees, fue su ambición. Jugaron al estilo de lo que se ha llamado «Pelota Caribe» o «Pelota Latina», es decir, basar su juego en buen pitcheo y en ir construyendo carreras poco a poco, sin depender de los batazos de largo alcance.
Es decir, la ofensiva de Texas se basó en que sus bateadores se embasaran como sea (bases por bola, hits, pelotazo, error), robar bases, toques y elevados de sacrificio, y correr bien las bases. Sobre todo, el objetivo era siempre ganar una base extra, lo que les terminó dando la victoria contra los Yankees.
GIGANTES
Los Gigantes presentan muchas deficiencias en su juego. A la defensa, cometieron muchos errores, incluso en la serie contra los Bravos. Sus ofensiva no tenía números muy destacados.
Sin embargo, sus abridores lograban tener el partido al alcance, si bien no iban ganando, al menos intentaban mantener el juego a pocas carreras detrás.
Los bateadores de los Gigantes no son superestrellas. Se ponchaban mucho, o bien se iban con el primer lanzamiento, lo cual provocaba outs fáciles.
Sin embargo, sabían aprovechar bien las oportunidades, y su porcentaje con corredores en posición anotadora fue muy alto en la serie contra los Filis. De hecho, aprovechaban casi todas las oportunidades, que, a pesar de que los lanzadores de los Filis brindaban pocas, los Gigantes las aprovechaban.
Además, todos sus bateadores (con excepción del pitcher, claro está), están en su capacidad de conectar un cuadrangular, con lo que también lograron inclinar la balanza en la serie contra los Filis.
Tal es el caso de Cody Ross, el jugador más valioso de la serie, bateando cuatro cuadrangulares (dos contra el astro lanzador Roy Halladay), empujó ocho carreras y tuvo un slugging de .794; nada mal para un jugador titular. El problema es que Ross era, hasta antes de la postemporada, un jugador de reserva.
De hecho, la mayoría de los Gigantes (con excepción de los lanzadores) no son titulares indiscutibles, sino que son jugadores peleadores, que tienen mucho que demostrar.
Ross no desaprovechó cada vez que le lanzaron rectas por el lado de adentro, y capitalizó cada una de ellas con cuadrangular, hasta que los lanzadores de los Filis comprendieron que no deben lanzarle rectas.
Sin embargo, cuando le lanzaban cambios, bateó para .362. Con bateadores así, es imposible.