Todo apunta al consumismo


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Ejes potenciales doblegan la voluntad, hacen permisible el convencimiento. Vuelta que demos, adonde dirijamos la vista encontramos siempre la vendimia en todas formas, circunstancias y medios, referente a Navidad anticipada. Todo apunta al consumismo envolvente, capaz de sacarnos en un momento de nuestras habituales casillas morigeradoras.

Juan de Dios Rojas


Dos caras de la moneda. Crisis generalizada, economía vulnerable, pero la tendencia flota en el ambiente. Tras tanta calamidad queda la pobreza y pobreza extrema como hambruna en varias regiones. Sin embargo, día a día gana espacios esa inclinación inexplicable dando motivaciones gigantescas. Pregunta obligada viene a ser ¿Qué nos pasa?

A título familiar, en el contexto de mejorar las interrelaciones de sus miembros, se propicia el impulso de festejar el evento. Existe estrecha cooperación para echar la casa por la ventana. Distractor decisivo de paliar la problemática creciente en la mayoría de hogares, aunque después sobrevenga el infaltable tronar de dedos.

Sabido resulta ser el hecho que el calendario –pequeñez mortificante- subraya acontecimientos extraordinarios, que son festejados de manera desmesurada. Inclusive de empeñar algo, con tal de festejar, de participar de alguna forma en dicha celebración. Los ciclos de Semana Santa y de fin de año Pascual,  conforman a la postre mucha resonancia.

Existen sobrados motivos al respecto, cuyo rostro encandilado estremece y anima, según el caso individual. Tienen la posibilidad de comprobación en vivo, puesto que el aludido consumismo está apoderado de todas las personas, sin excepción de clase social y sobre todo de la capacidad de compra en su favor y el ensanchamiento patente en esa fecha.

A nivel gubernamental y municipal, ensanchado a lo largo y ancho del suelo patrio, vemos también ejemplos que apuntan al consumismo. Viene a ser la fórmula de retribuir a los contribuyentes de alguna manera festiva. Los usos y costumbres coadyuvantes del vigente caso de usos y costumbres convertidos en tradiciones, a modo de maquillaje visible.
El hombre de la calle busca cualquier motivo o pretexto para enrolarse en el vaivén atronador, con ríos de licor. ¿A propósito de cambio acaso? Viene a contribuir al aprestamiento individual, pero grupal en su mayoría. La predisposición evidente fácil resulta percibirla dondequiera, diríamos a pesar de los pesares del presente tormentoso.

Nadie puede negar que medio mundo tienda a enrolarse en el consumismo por voluntad propia, semejante a una resaca colectiva. También son dados a sumarse en ese aluvión a efecto de competir, a malgastar dineros faltantes después en la lucha diaria por salir a flote, llueva, truene o relampaguee. Somos así, talvez pintorescos o folklóricos.