Toda una vida dedicada a luchar por la libertad


Oscar-Clemente-Marroquin

Desde mi niñez me gustó la música de Harry Belafonte, artista, cantante y compositor nacido en 1927 que alcanzó la fama antes de que pudiera romperse la barrera de la segregación racial en Estados Unidos y soportó discriminación tremenda, especialmente en los estados del Sur, como le ocurría a cualquier norteamericano de raza negra a los que no se les concedían ni siquiera derechos civiles tan elementales como el de usar el mismo baño que los blancos, no digamos ejercer el derecho a votar para elegir a sus autoridades.

Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt


No sabía, sin embargo, la enorme importancia de Belafonte como activista por los derechos civiles y, sobre todo, luchador universal por la libertad y la igualdad de derechos para todos los seres humanos. Anoche pude ver una magnífica documental, “Sing your song”, transmitida por HBO, en la que el mismo Belafonte relata las acciones que forman parte de un compromiso que aún le inspira, más que la música y el arte, para enfrentar toda forma de injusticia. Yo no tenía idea sobre la forma en que fue acosado en tiempos de McCarthy e investigado por el FBI de Hoover, bajo la acusación de ser un comunista simplemente por su amistad estrecha con Martin Luther King. Era uno de los más cercanos colaboradores del pacifista que luchó hasta su muerte por el derecho a la igualdad de la población de raza negra en los Estados Unidos y fue una de las figuras más destacadas de la célebre marcha del millón de personas que cubrió la explanada en Washington, donde Luther King hizo su inolvidable discurso sobre su sueño de justicia.
 
 Cuando el derecho al voto de los negros era sistemáticamente rechazado por los estados del Sur, Belafonte se convirtió en activista de la campaña de Kennedy, aun sabiendo que el joven senador no tenía absolutamente clara su posición sobre los derechos civiles y que era más conservador de lo que la gente creía. Con el tiempo comprometió seriamente en la lucha por la libertad a Robert Kennedy, quien había sido uno de los asesores de McCarthy en el senado y por lo tanto carecía de credenciales confiables para los activistas sociales.
 
 Belafonte fue un artista exitoso desde su juventud, en la primera mitad del siglo pasado y pudo, tranquilamente, gozar de los enormes beneficios económicos que le producían su actividad profesional en la música, el teatro y el cine. Sin embargo, dispuso usar esos recursos y su influencia personal entre sus colegas para conformar una coalición impresionante de figuras públicas que se comprometieron a luchar junto a los negros por el derecho a la igualdad. Ahora mismo, con más de ochenta y cinco años encima, Belanfonte no tira la toalla y sigue promoviendo acciones concretas porque siente que todo su esfuerzo y la lucha de tantos, muchos de los cuales ofrecieron su vida por una causa en la que creyeron, no ha rendido a cabalidad los frutos esperados. Le molesta que las cárceles de Estados Unidos estén mayoritariamente pobladas con jóvenes negros e hispanos, lo que demuestra una disparidad tremenda en la administración de justicia.
 
 Resulta conmovedor y, más que eso, muy comprometedor, ver a un hombre de su edad diciendo que todos los días se levanta con el compromiso de luchar por la libertad y la igualdad. Usa su poder y carisma para convocar activistas a lo largo y ancho del mundo, luego de haber sido embajador especial de UNESCO, para hacer conciencia sobre el enorme trabajo que hay todavía pendiente en términos de asegurar igualdad de derechos y oportunidades para todos los seres humanos.
 
 Al terminar la documental, no pude sino pensar cuánta falta nos hace aquí en Guatemala un Belafonte, un pacifista comprometido con la justicia que dedique su vida a combatir la desigualdad y la marginación. Vaya si no tendría trabajo aquí alguien como él.