Toca al pueblo la labor de fiscalizar


No nos queda otra que tomar la iniciativa. Es cierto, es una vergí¼enza que la Contralorí­a General de Cuentas no cumpla con su deber de fiscalizar los ingresos, egresos y en general de todo interés hacendario de los organismos del Estado, incluyendo los municipios, entidades descentralizadas y autónomas, así­ como de cualquier persona que reciba fondos del Estado o que haga colectas públicas. ¿Qué hacer?, ¿cruzarnos de brazos y dejar que el Tribunal Supremo Electoral, por ejemplo, se apropie de 30 o 70 millones de quetzales que le fueron especí­ficamente asignados para llevar a cabo el proceso electoral del 2007?

Francisco Cáceres Barrios

Si bien es cierto que nuestra población es calificada de «aguantadora», también es verdad que constituye un robo en despoblado que los 158 diputados al Congreso de la República cobren Q 5 mil en dietas por dizque asistir a las sesiones de las 45 comisiones de trabajo establecidas, cuando no han cumplido con dicha obligación, lo que se demuestra con la escasa producción de dictámenes, opiniones o consultas realizadas a todo lo largo del año pasado y que lo mismo haya venido sucediendo en años precedentes. ¿Por qué el pueblo no fiscaliza este derroche y mal uso de los fondos públicos cuando es por todos sabido que las mentadas comisiones de trabajo además del pago indebido de remuneraciones, también representan elevados gastos para mantener lujosas oficinas, servicios de secretarí­a, asistentes y asesores lo que representa adicionalmente entre 30 a 50 mil quetzales mensuales?

Todos estamos enterados que el gobierno de Berger erogó una inconcebible cantidad de quetzales para desplegar una inmensa propaganda durante su mandato. ¿Con qué fines? ¿Es que no ha quedado demostrado que tanto dinero se derrochó en el afán de realzar su figura, la del partido oficial, como para demostrar el cumplimiento de sus promesas electorales, las que por cierto estuvieron muy alejadas de las expectativas que engendró en sus electores y la población en general? El pueblo debiera entonces a estas alturas estar preguntando y actuando pues, ¿con ese dinero no se pudieron haber sentado las bases de uno o más programas de construcción de vivienda popular y dejar de usar el engaña babosos que dijo hacer el Ministerio respectivo?

La semana pasada volvió a quedar al descubierto la enorme vulnerabilidad que tiene nuestro paí­s ante la más mí­nima contingencia, en especial las que infringe la naturaleza. Seguimos siendo un paí­s sumamente frágil ante vientos fuertes no mayores de 70 kph, no digamos ante huracanes, tormentas tropicales y ni hablar de los movimientos sí­smicos, sin embargo, contamos con un elefante blanco del tamaño de la CONRED quien gasta a manos llenas sin ninguna fiscalización. Como decí­a Abdón: ¿será bueno o no?