La primera ministra de Ucrania, Yulia Timoshenko, sometida a fuertes presiones para que reconozca su derrota en la elección presidencial, no se decide a hacerlo porque su mentalidad es más afín a la de los revolucionarios que a la de los demócratas, indicaron analistas el jueves.
Hasta la fecha, nada ha logrado convencerla: ni la invitación de los observadores internacionales a escuchar «el veredicto popular», ni el llamado de su adversario Viktor Yanukovich, ganador de estos comicios, a comportarse como una demócrata. Ni siquiera las exhortaciones de su propio sector a renunciar a su puesto y pasar a la oposición.
Esta obstinación se explica porque «Timoshenko es una revolucionaria más que una demócrata», opinó el politólogo Volodymyr Fessenko.
Timoshenko puso fin el jueves a tres días de total silencio para acusar a Yanukovich de promesas «mentirosas» durante un consejo de ministros.
«Después de los comicios, las mentiras comienzan a ser reveladas», sostuvo, según las imágenes de la televisión.
La primera ministra comentaba la votación en el Parlamento de un proyecto de ley para aumentar las «normas sociales» que no fue apoyado por el partido de Yanukovich, aunque éste había prometido durante su campaña que haría todo lo que estuviera a su alcance para mejorar el nivel de vida de los ucranianos.
Timoshenko se niega a reconocer su derrota y su estado mayor electoral indicó que preparaba querellas ante los tribunales para impugnar el resultado de la votación.
La jefa del gobierno fue una figura central en las barricadas de la Revolución Naranja, el gran levantamiento popular de fines de 2004, que desembocó en la invalidación por fraudes de la victoria de Viktor Yanukovich en beneficio del actual presidente, Viktor Yuschenko.
«Ella programa su comportamiento para el futuro. Ha elegido el camino de la heroína del filme de Quentin Tarantino «Kill Bill», que debe llevar a cabo su venganza pese a todo», escribió Sergui Leschenko, cronista del diario Ukrainska Pravda.
«En Europa, reconocer la victoria del adversario es un comportamiento civilizado. Para Timoshenko, legitimar a Yanukovich significa mostrar debilidad ante los electores», agregó.
«Hace mucho tiempo que Timoshenko no ha perdido. Se encuentra en estado de choque», señaló el politólogo Kost Bondarenko. Sus electores también, y ella quiere proponerles una «psicoterapia», añadió.
«Su tarea es profundizar el traumatismo psicológico de sus electores ante la «victoria» perdida. Sobre esto se puede construir una estrategia de desquite. No hay nada que una más a la gente que una desgracia compartida. Se va a llamar «la derrota de Yulia»», comentó irónicamente Leschenko.
En una primera etapa, «ella pondrá nervioso a Yanukovich y le impedirá gozar de su victoria», tratando de postergar su toma del mando, consideró su ex consejero, el politólogo Dimytro Vydrin.
Ella tampoco puede permitir que «sus aliados bajen la guardia. Si dice que ha perdido, algunos pueden traicionarla y unirse a sus adversarios», añadió Vydrin, mientras varios medios de comunicación ucranianos señalaban consultas entre algunos de sus diputados y el sector de Yanukovich.
Esta táctica podría afectar su imagen en Occidente, donde Timoshenko es considerada más pro europea que su rival, advirtieron analistas.
«En Occidente, semejante comportamiento hubiera resultado desagradable, pero nosotros tenemos otra cultura política. Timoshenko dice en Bruselas que Ucrania es un país europeo, pero en casa se comporta en forma bizantina», destacó Vydrin.
Según Fessenko, «por ahora, es más importante para ella estar en lucha contra Yanukovich frente a sus electores» con miras a las próximas elecciones. Timoshenko conserva «malos hábitos. Por ejemplo, el de no abandonar el poder», dijo.