Tiende a arreciar la pelea de la segunda vuelta


Continúa la expectación respecto de quién de los dos gallos-giros de la segunda ronda electoral (ílvaro Colom Caballeros y Otto Pérez Molina) será el timonel de la nave gubernamental a partir del 14 de enero de 2008.

Marco Tulio Trejo Paiz

Hubo 14 enamorados del taburete presidencial ?nada menos que 14? en la primera jornada comicial, pese a que las posiciones polí­tico-ideológicas son sólo dos: La derecha y la izquierda que, como se sabe, ambas van de lo moderado a lo inmoderado.

¡Y, cabe decir, la vanidad de algunos «liliputienses» de la coja polí­tica partidista no estuvo ausente!?

Ha surgido, al menos en lo atinente a nuestro paí­s, la posición centrista de los gallos-gallinas que, como bien lo dice sarcásticamente el picarón de Juan Pueblo, no son ni chicha ni limonada. Son pocos, relativamente, los guatemaltecos que han jugado en esa ruleta de la alharaquienta politiquerí­a.

Los que metieron los golazos el 9 de este lluvioso mes de la patria (Colom Caballeros y Pérez Molina), sin pérdida de tiempo han comenzado a movilizarse hacia los diversos lugares de la geografí­a nacional con fines proselitistas y, por supuesto, para asestar el tremendo «knock out» técnico que deje viendo el cielo estrellado al contrincante como para disuadirlo de participar en otra aventura del futuro.

También están interesándose en hacer contactos sobre la marcha con los principales lí­deres de partidos perdidosos, especialmente con los que obtuvieron determinado número de votos para que les echen «culas» en el segundo evento del 4 de noviembre, el cual, según las predicciones de la generalidad ciudadana, transcurrirá sin mayor cantidad de electores ni entusiasmo cí­vico. ¡Ya veremos!, ¡ya veremos!, recalcamos. ¿Y querrán secundarlos los de menor peso?

Los dos afortunados de la primera andanada de urnas han ofrecido a la «chapinada» óptimas realizaciones en lo social, en lo económico, en cuanto a seguridad fí­sica y patrimonial, en lo que concierne a la propiedad privada y, en fin, a todo lo demás que se ha dicho en los medios de comunicación escritos, radiales y televisados a lo largo del proceso polí­tico-electoral, así­ como en los mí­tines y en otros actos de sonoro autobombo?

Lo que los candidatos presidenciales y sus «alter egos» no han echado al vuelo para no malograr su campaña es lo relativo al desmoche de la burocracia del Congreso (son nada menos que 158 los ocupantes de las perezosas de los diputados, los que cuentan con una sarta de asesores); algunos de los primeros fueron reelegidos el 9/9 y, por cierto, ya los están considerando «dinosaurios» del dolce farniente aferrados al sombrí­o caserón de la 9ª. avenida, donde succionan buen jugo del presupuesto nacional; tampoco los presidenciables han dicho si tienen un firme propósito de reducir a justo nivel la superdesarrollada burocracia que neutraliza en buena medida la obra estatal, ni si los adormecerán los cantos de sirena del estuoso Caribe y del sur para engrosar filas de la demagogia que se está estilando en esas turbulentas regiones en las que pretenden eternizarse de posaderas a los pueblos unos liberticidas fachendosos.

«No somos tan babiecas para dar difluencia a nuestros propósitos antes de entonar los epinicios de triunfo», dirán tales personajes?

Entretanto, en toda la extensión de la llanura se está clamando estentóreamente por las bondades de la genuina democracia, sistema éste que, dicho sea de paso, no presenta un rostro amable ni está dando muchos frutos en esta fracción del istmo centroamericano. Lo que nos está dando es, en gran parte, nada positivo: Pobreza, corruptela, estafas bancarias, crimen organizado y de orden común y, para colmo de males, una anarquí­a galopante que tiene a la población en tenebrosa encrucijada?

Sí­, como todos sabemos, esa es la amarga realidad en nuestra pobre Guatemala, ingeniero Colom Caballeros; sí­, eso está ocurriendo, general Pérez Molina; sí­, doctor Rafael Espada; sí­, don Ricardo Castillo Sinibaldi.

Ante la compleja y rusiente problemática general del paí­s, lo que debe hacerse sin tanto bla, bla, blá, sin tantas ceremonias, es afrontar con decisión absoluta, con toda energí­a, con verdadero patriotismo, esa penosa como grave situación, o sean los ingentes y urgentes problemas y necesidades de los gobernados, especialmente de la enorme masa popular empobrecida y abandonada a su suerte por los gobernantes de casi todas las épocas.