Tiempo y filosofí­a: Año Nuevo 2008


Todos damos por sentado que el tiempo es el que cuentan los relojes, el que miden los calendarios de pared o de escritorio y que solemos dividir: en segundo o fracción (mí­nimo) o en un año, siglos y milenios (máximos).

Mario Alberto Carrera

Pero a ello lo podrí­amos llamar «tiempo humano». Basta con leer «El Principito» del conde de Saint Exupery para que profunda y no superficialmente, esto es, filosóficamente, nos demos cuenta de que el tiempo humano es un una ficción inventada o descubierta (su concepto y divisiones) a partir del desplazamiento de los planetas en el sistema solar. «Un año», como lo conceptuamos los hombres, es el «tiempo» que tarda la Tierra en dar una vuelta alrededor del sol y decimos que lo hace en 365 dí­as, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos, 12 meses a contar desde el dí­a 1 de enero al 31 de diciembre, ambos inclusive. El que tiene un dí­a más (dí­a que se añade en febrero). Todos sabemos por qué se hace, por lo que no vamos a perder espacio en esta nota en explicar la razón de esta adición.

Los filósofos y la filosofí­a sonrí­en, escépticos, de pie sobre la lógica, ante la anterior definición y, más aún, si tuviesen la oportunidad de observar a Guatemala y, en general a todos los paí­ses del mundo, volviéndose locos (como este «año») por recibir el Año Nuevo, dar el tradicional abrazo y esperar «las doce», cuando en Tahití­ la gente ya duerme y aquí­ o en España se rompen el alma y el cuerpo porque han prometido «pasar las doce» con Fulana o con Zutana.

¿Cuál y por qué Año Nuevo 2008, de cara a la eternidad, de cara a lo eterno, viendo de frente y sin miedos al misterio o a lo desconocido de las leyes de la eternidad? Además de las razones que ya mencioné arriba, el 2008 (o el que sea) se ha celebrado y se han tornado en motivo de festividad sin fronteras porque con ello celebramos un exorcismo contra la muerte y un anhelo porque lo verde («los verdes» lo entenderán mejor) llegue lo más pronto posible porque la primavera es vida y el frí­o y el invierno, muerte.

¿Existe el tiempo?, me preguntaba yo contemplando un viejo ciprés desde mi ventana (suponiendo que han pasado muchí­simos años sobre él). Pronto morirá -me dije- y habrá que darle unos cuantos hachazos para evitar que se derrumbe y golpee a algún cristiano. ¿Existe el tiempo?, inquirí­ contemplando mi ya ajado rostro en el espejo que ha reflejado los años de los años… ¿Existe el tiempo ante la vida y la muerte? Nuestra existencia termina cuando llega «La dama del alba», como Casona la llamaba, pero todo continúa. Sólo nuestro «tiempo» ha terminado cuando ella llega hasta nosotros, momento bendito en que cesa el dolor y las frivolidades de las fiestas «anuales» en especial la de Año Nuevo.

Las celebraciones del nuevo año no son más que una convención y una excusa para «descocarse» y gastar lo que no se tiene: la cuesta de enero donde se paga con dolor la factura de un placer que a veces estalla en incontables tragedias. Pero, más bien, ya que nos entregamos con tanto entusiasmo a esta celebración (despedida y recepción) debiéramos dedicar un lapso (aunque fuese corto) entre cohete y «ametralladora» a la reflexión. Despedimos un tiempo que se marcha y que en la mayorí­a de los casos no desearí­amos que regresase (algunos lo ven negro como la muerte acaso porque estuvieron cerca de ello o de algo parecido como los candidatos a los últimos comicios) Y recibimos uno «nuevo» (¿nuevo ante la eternidad?) y que por ser nuevo queremos llenar de «Próspero Año Nuevo» como suelen decir las tarjetas y hoy los correos electrónicos.

Los que siempre me han considerado un escéptico, un agnóstico y un pesimista dirán que escribo todo esto porque soy un amargado. Pero, en todo caso la culpa de mi amargura es observar a la Naturaleza-Dios con toda la capacidad de que fui dotado para hacerlo.

En todo caso, los que celebraron 2008 como borregos, no los convenceré de que no lo hagan y de que no tienen sentido que lo lleven a cabo otra vez. El resto (que son poquí­simos) entienden mis pesimistas reflexiones. Pero, para ser tolerantes ¡Feliz Aí‘O NUEVO 2008!