Tiempo perdido


Dicen que el tiempo perdido hasta los santos lo lloran, pero si los santos vivieran en Guate, en esta época y tuvieran que gastar sus segundos, minutos y horas tras el volante de un carro, escuchando las nefastas noticias diarias, sintiéndose en todo momento aterrorizados por las motos que casi, casi rasuran la pintura de su vehí­culo, estresados por los bocinazos, sintiéndo olor a humo, temiendo que el siguiente bus extraurbano se le vaya encima o que aparezca un oficial de Emetra, seguramente la tierra desaparecerí­a de nuevo en un diluvio, ocasionado por su llanto acumulado.

Claudia Navas Dangel
cnavasdangel@yahoo.es

No exagero, ni me quejo por quejar, es que estoy harta, diariamente paso más de tres horas en el carro, desayuno en él, a veces me cambio la ropa en su interior, tengo un closet, despensa, librera y archivo en el baúl, ya borré los números de los botones de la radio y el sillón del piloto podrí­a ser un molde de la parte posterior de mi cuerpo.

Cada mañana al salir, muchas veces aún a oscuras, reniego de aferramiento a la vida capitalina, lamento no haber estudiado una carrera con la cual pudiera conseguirme un buen trabajo en algún departamento y siento que la vida se me escapa como el humo del smog de una camioneta, ni siquiera con el de un carro.

Cada mañana, prendo la radio para oí­r a Amí­lcar Montejo dar el reporte -radiografí­a- del tránsito, y maldigo el congestionamiento, el no tener una mejor posición económica para vivir más cerca, insulto mentalmente a los chóferes de los taxis, de los buses y a los machitos que incapaces de tocar el pidevias se meten cuando quieren ocasionando accidentes, bocinazos estridentes y más congestionamiento.

Cada mañana, mi presupuesto se reduce, porque a más tráfico más gasto de gasolina, que ya de por si está muy cara, releo las vallas que ensucian las calles y avenidas, blasfemo, me aporreó el pecho y espero ansiosa el domingo, aunque a veces, ya hasta ese dí­a tiene uno que aguantar esa cruz.

Ojalá que no vayan a autorizar de nuevo la circulación del transporte de carga en las horas pico, porque si así­ no más ya es un caos, con todos esos camiones y conductores abusivos, que lo son, la mayorí­a, estarí­amos ya, con el perdón de los santos, o sin, casi, casi en el infierno.